El malestar en la Cultura, el mal del siglo

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El Bosco – Detalle de “El jardín de las delicias”

En Colombia durante todo el año se celebran Encuentros y Festivales que se amparan en calificativos que se relacionan con la “cultura” y sus manifestaciones. Toneladas de dinero del sector privado y de los presupuestos oficiales se gastan en estas fiestas. Claro, nada comparables con las que se despilfarran en la guerra, pero igualmente apreciables.

Quienes administran estos dineros, ya sean directores de Casas de la Cultura, Secretarios de Cultura, Gerentes de los Fondos Mixtos de Cultura, o directores de ONG´s culturales, entre otros, se erigen como los dadivosos que deciden a quién convocar, y a quién no, a estos eventos, decisión que casi siempre cae en la subjetividad. En el mejor de los casos invitan a artistas famosos, a recomendados, a los amigos y conocidos del medio, o a los amigos de los amigos; y en el peor, la invitación responde a decisiones non sanctas, es decir a la lepra que carcome nuestra sociedad desde hace siglos: la corrupción.

Hace años, en los mentideros del Pasaje de Vargas de Tunja, se comentaba de un pintor que recorría las oficinas de importantes ejecutivos ofreciendo su obra a precios exorbitantes y que, ante la negativa, decía: “Sí doctor, mi cuadro vale 100, pero al final yo solo voy a recibir 30”. Hoy, algunas de esas enormes pinturas enturbian el blanco hueso de muchas paredes.

El artículo 1ro. de la Ley General de Cultura (397 de 1997) determina que “Cultura es el conjunto de rasgos distintivos, espirituales, materiales, intelectuales y emocionales que caracterizan a los grupos humanos y que comprende, más allá de las artes y las letras, modos de vida, derechos humanos, sistemas de valores, tradiciones y creencias”. Esta definición encarna el espíritu incluyente y democrático de la Constitución Política de 1991, sin embargo, si se lee bien, la definición no sirve. ¿Qué es Cultura?, de acuerdo con la Ley, cultura es todo, lo que equivale a decir que nada.

Así, los presupuestos de la Cultura, se gastan en “cultura” y aquí cabe todo: corridas de toros, caminatas, rallys, sesiones de cuentachistes, conciertos y exposiciones de todo tipo, es decir aquello que la Ley ubica “más allá de las artes y las letras”. Sin embargo, en ocasiones se olvida que éstas, me refiero a las artes y las letras, también constituyen la Cultura. Los fines y comienzos de año son terreno abonado para estos desmanes.

En el 2014 un conocido grupo de música norteña se presentó en Garagoa, Boyacá, con gran éxito. Me llamó la atención el precio de las entradas: el palco más caro costaba $10.100.000, oo., el siguiente $7.080.000, oo, y así, hasta llegar a una entrada general de 55.000 pesitos. Pensé que con lo que se pagó por tres o cuatro de los palcos más caros, perfectamente hubiera alcanzado para comprarle una vivienda digna a muchos desposeídos de ese pueblo, los que seguramente entraron al concierto con boleta general. Dicho de otra forma: si se considera que el salario mínimo en el 2014 era de $616.000, quiere decir que el precio de un palco VIP equivalía a algo más de 16 salarios mínimos legales mensuales, es decir al sueldo de un funcionario raso de esa localidad durante más de un año. Aberrante, ¿o no? Así es el mundo (el negocio) del espectáculo, dirán algunos, y con razón. Lo que pasa es que se está confundiendo ese mundo del espectáculo con la Cultura.

             Mientras tanto, algunos de los que han dedicado su vida al cultivo de “las artes y las letras” (yo, entre ellos) se debaten en crisis existenciales dignas de “mi maestro Schopenhauer”, como bien lo pone de manifiesto José Asunción Silva en su poema EL MAL DEL SIGLO:

EL PACIENTE:

Doctor, un desaliento de la vida
que en lo íntimo de mí se arraiga y nace,
el mal del siglo… el mismo mal de Werther,
de Rolla, de Manfredo y de Leopardi.
Un cansancio de todo, un absoluto
desprecio por lo humano… un incesante
renegar de lo vil de la existencia
digno de mi maestro Schopenhauer;
un malestar profundo que se aumenta
con todas las torturas del análisis…

EL MÉDICO:

Eso es cuestión de régimen: camine
de mañanita; duerma largo, báñese;
beba bien; coma bien; cuídese mucho,
¡Lo que usted tiene es hambre!…

* * *

 

Carlos Castillo Quintero

Escritor

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