Nueva ‘fiebre’ de corrupción en frontera venezolana

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Foto| Colprensa

Al ya frecuente temor de quienes pasan por la frontera entre Colombia y Venezuela (San Antonio-Cúcuta) que sin importar nacionalidad, son víctimas de requisas, decomiso de dinero o artículos, aún sin ser ilegales o de contrabando, se suma otra modalidad de corrupción.

Se trata de la exigencia de una forma de “vacuna” impulsada y organizada por las autoridades migratorias de Venezuela.

En el paso fronterizo por algunos países se pide vacuna contra fiebre amarilla. De acuerdo a la información obtenida por EL DIARIO a través de uno de los funcionarios colombianos de migraciones en Cúcuta, no es requisito que habitualmente se exija en esta frontera por parte de Venezuela.

Para quienes tienen la vacuna así como para los que no, es importante que conozcan la ingeniosa forma de negocio clandestino de los funcionarios encargados de migraciones venezolanas.

EL DIARIO conoció la forma en que operan al interior de migraciones Venezuela a través de relatos de tres personas que ingresaron por la esta frontera San Antonio.

Del sellado de pasaporte en Cúcuta con paso normal, ninguna autoridad colombiana advierte sobre “nuevos requisitos”, así que las viajeras ya con sello colombiano pasan a migraciones de Venezuela. Allí hay 8 ventanillas. En la primera marcada con el número 1, un funcionario de unos 40 años asigna turnos al ver pasaportes. Empieza a enviar a las mujeres colombianas a la ventanilla 8. En el grupo hay una ciudadana canadiense a la que envía a ventanilla 6 donde atiende una mujer. En la fila 8, un hombre grande, obeso, con cabello corto muy corto, de tez blanca, empieza a preguntar por la vacuna contra la fiebre amarilla. Pasaron una, dos, tres mujeres. Todas con el reclamo “cómo no pidieron esto antes”, “no me regrese, debo pasar a llevarle comida a mis hijos”. El hombre sin mirar a cada mujer, sin reparar en ningún argumento sigue repitiendo “señora, regrese a Cúcuta a que le coloquen la vacuna contra fiebre amarilla en la Cruz Roja”.

Desconsuelo, rabia. Sale una y otra mujer con cara de impotencia y “¿y ahora?”.

La solución la tienen afuera. Hay unos hombres a la espera, especie de tramitadores, que se acercan “preocupados” por lo ocurrido. Ellos así como el conductor que acompañan a las viajeras a pasar, dicen con certeza: “lo que quieren es plata”. ¿Cómo? Empiezan a decir que la vacuna cuesta lo mismo que lo que hay que darle a los funcionarios, que el tiempo por el regreso, que no esperan, que una cosa y otra. Conclusión: hay que darle plata para que sellen el pasaporte.

Un grupo de tres viajeras, conformado por una canadiense que aunque tampoco tiene la vacuna no le exigen este requisito y 2 de las colombianas devueltas por vacuna, debido a la urgencia de ingreso le dicen a los hombre que sí, que pagan por cada pasaporte 50.000 pesos colombianos que es lo que exigen. Entra uno de los “tramitadores” y sale diciendo que acaban de subir el precio, tal vez por la demora y la indignación mostrada. Ahora son $60.000 mil.

Efectivamente a cada pasaporte le incluyen los billetes, los ingresa a migraciones e inmediatamente salen sellados. “Bienvenidos a Venezuela”.

De regreso a Colombia, unos días después, las ciudadanas hacen la denuncia en migraciones Colombia, donde las escuchan, les dicen que efectivamente eso pasa todo el tiempo. Que la vacuna no es requisito exigido y este tipo de prácticas se pueden denunciar a la Cancillería para que advierta a los ciudadanos.

¿Pero si pasa todo el tiempo, cómo no advierten sobre el porte de todos los requisitos?

Aseguran de Migraciones Colombia a EL DIARIO que la vacuna no es requisito pero que los funcionarios venezolanos eligen a quién pedirla aprovechando la poca claridad al respecto.

Hasta ahora no hay, de acuerdo a las consultas hechas por EL DIARIO, información pública suficiente o clara donde el gobierno colombiano advierta sobre requisitos y sobre aspectos como “vacunas” y otros a ser tenidos en cuenta. Para los funcionarios de migraciones de Venezuela la confusión es la base del negocio ilegal que tienen, pero en el silencio y la complicidad está la colombiana. Porque en la frontera, todos saben lo que pasa y miran para otro lado sino tienen beneficio personal.

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