La primera noche del vampiro

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Desde hace siglos la figura mítica del vampiro ha estado presente en el folclor y en la literatura de todas las culturas del mundo, pero es en una noche de tormenta, en 1816, cuando nace como el personaje gótico que conocemos hoy.

Su gestación se debe a Lord Byron (1788-1824), quien desde años atrás venía trabajando el tema. Para entonces ya era famoso su poema “El Giaour”, inspirado en una leyenda turca, y había escrito también un cuento inacabado en donde le daba vida a un misterioso aristócrata inmortal.

Durante el verano boreal de 1816, el año del verano que nunca llegó, el hemisferio norte soportó un largo y frío invierno debido a la erupción del volcán Tambora, en Indonesia. Ese año Lord Byron alquiló la Villa Diodati, cerca del lago Ginebra, en Suiza, para pasar unos días con unos amigos: el poeta Percy B. Shelley; John William Polidori, biógrafo, secretario y médico particular de Byron; Claire Clairmont, con quien tenía una relación amorosa; y Mary Godwin, amante de Percy.

Aquellos ilustres huéspedes, sitiados por el temporal, quedaron confinados en la mansión durante varios días, y cuenta la leyenda que una noche, después de haber leído cuentos de fantasmas, Lord Byron los desafía a escribir una historia de terror.

Lord Byron, en el cuento que había dejado sin terminar, relata la historia de un misterioso aristócrata llamado Augustus Darvell. Son tres o cuatro páginas en donde se sugiere que aquel hombre es inmortal. Para responder al desafío de aquella noche, John William Polidori (quien además de trabajar con Byron, tenía pretensiones de escritor) toma ese relato y lo completa, dando vida al primer cuento de vampiros de la literatura europea, incorporando en él de manera coherente los elementos característicos del género.

El cuento se titula El vampiro, y se dice que Polidori no sólo partió del argumento bosquejado por Lord Byron, sino que además lo tomó como modelo para su personaje, Lord Ruthven, un no-muerto que encarna todo lo que Lord Byron era: culto, atractivo, bohemio, de hábitos nocturnos, y con una temible capacidad de seducción.

Aquella noche nace también Frankenstein o el moderno Prometeo, obra de Mary Godwin, quien después usaría el apellido de Percy, y que la posteridad conoce como Mary Shelley. La novela se publica en 1818 y se constituye en la primera historia moderna de ciencia ficción y en un clásico del terror gótico.

Así, el atormentado ser creado por el doctor Víctor Frankenstein, y el aristócrata vampiro de Polidori, nacen en iguales circunstancias, siendo la Villa Diodati la cuna de estas criaturas.

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Después de El vampiro de John William Polidori, publicado en 1819 y atribuido inicialmente al propio Lord Byron, la literatura europea de todo el siglo XIX se pobló de chupasangres. Pero es necesario esperar hasta 1897, año en que se publica “Drácula”, novela del escritor irlandés Bram Stoker, para conocer la obra considerada como la cumbre del género.

El Conde Drácula, tal y como se le describe en el libro de Bram Stoker y como después lo ha recreado el cine y la televisión, reúne las características que sus contemporáneos le atribuían Lord Byron: de origen aristocrático, elegante, de modales exquisitos, carismático, encantador, licencioso y maligno.

Se decía que era tanta la belleza de Lord Byron, y tan arrebatador su carácter, que cuando aparecía en una reunión, las buenas señoras advertían a sus hijas para que no lo miraran a los ojos, porque estaban convencidas de que con una sola mirada podía conducirlas a la perdición. Hay quien dice que dicha precaución también debían tomarla los mancebos.

Ese magnetismo maléfico se lo heredaría después a los vampiros. Al Conde Drácula en particular.

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El Giaour
(De: Lord Byron, publicado en 1813)

Pero antes, sobre la tierra, como vampiro,
tu cadáver del sepulcro será exiliado;
entonces, lívido, vagarás por el que fuera tu hogar,
y la sangre de los tuyos has de arrancar;
allí, de tu hija, hermana y esposa,
a medianoche, la fuente de la vida secarás.
Aunque abomines aquel banquete, debes,
forzosamente,
nutrir tu lívido cadáver andante,
tus víctimas, antes de expirar,
en el demonio a su señor verán;
maldiciéndote, maldiciéndose,
tus flores marchitándose están en el tallo.

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Carlos Castillo Quintero
Escritor

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