¿Ante la ciudadanía, mediocres administradores pero apetitosos clientes de la banca?

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Tanto el gobernador como alcaldes de las principales ciudades del departamento salieron mal librados en las encuestas realizadas. FOTO / Hisrael Garzonroa - EL DIARIO

La casa Editorial El Tiempo, las encuestas y el Grupo Aval

Publicadas por la Casa Editorial El Tiempo, las recientes encuestas sobre el desempeño de los alcaldes de las principales ciudades del departamento y del gobernador Amaya, suscitan muchas preguntas, entre otras: ¿Se trata de descalificar a los alcaldes como administradores, pero en cambio, convertirlos en dóciles clientes de grandes créditos de los bancos del dueño del mismo periódico? 

El resultado de las encuestas publicadas recientemente por el periódico regional de la Casa Editorial El Tiempo deja muy mal parados al gobernador Carlos Amaya y a los alcaldes de las principales ciudades del departamento, Tunja, Duitama, Sogamoso, Paipa y Chiquinquirá, con niveles de favorabilidad que en realidad producen preocupación. Pero, ¿qué tan cierto es esto? ¿O podría ocultarse otra realidad detrás de estos resultados?

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Así que en el fondo, habría una lectura distinta que podría identificar un propósito perverso de estas encuestas, si se tiene en cuenta que su publicación se hizo en un medio de propiedad del principal grupo financiero del país, lo que podría llevar a pensar que el desprestigio de las administraciones, puede resultar proporcional a la posibilidad de que se vuelvan magníficos clientes de la banca para gestionar préstamos que, en esos montos y con la seguridad de las finanzas públicas, se convierten en apetitosos y jugosos negocios de los bancos.

Al no salvarse ninguna administración, entre otras, hay dos consecuencias nefastas: la primera, que al tener un alto contenido de negativismo, con seguridad afecta el ánimo del ciudadano común y corriente que ve la falta de liderazgo y el fracaso de quienes tienen la obligación de liderar los procesos de crecimiento y bienestar para las comunidades; mandatarios que en particular, un grupo mayoritario de ciudadanos con tanto entusiasmo eligió en las últimas elecciones. En segundo lugar, las acciones de gestión de estos mandatarios ante el gobierno central resultan más difíciles, con un alto grado de probabilidad de rechazo, de dificultad adicional o de drásticos recortes o desconocimiento de sus peticiones, ya que en Bogotá, cualquier instancia, es muy probable que tenga en cuenta informaciones como estas de las encuestas, lo que puede llevar a que se considere que cada peso invertido en las correspondientes jurisdicciones corre el riesgo de perderse o de no ser bien invertido.

La lectura inicial de las encuestas va quedando como verdad casi definitiva, ya que a primera vista pareciera que todo coincide con una regular gestión de los administradores locales y el gobierno en el orden regional. Sin embargo, habría que decir que ninguno de los dos resultados puede ser tenido como cierto: ni que todos sean extraordinarios y exitosos, como también resulta dudoso que todos tengan una calificación negativa, o tan negativa como resultó en este caso.

La lectura inicial de las encuestas va quedando como verdad casi definitiva, ya que a primera vista pareciera que todo coincide con una regular gestión de los administradores locales y el gobierno en el orden regional.

Desde luego que para las expectativas de la ciudadanía es posible que haya muchos motivos para descalificar a los alcaldes, pero también pueden haber otros factores que ayuden a direccionar el resultado, ya sea en la dirección positiva o en la negativa; tal como lo explicaba el alcalde de Sogamoso, Sandro Condía, si en esa ciudad se pregunta por la calificación de la acción del alcalde a partir de los huecos de las calles en la ciudad, no hay más remedio que esperar un resultado absolutamente desfavorable: “ningún conductor va a decir que está contento con el estado de las calles”.

En las encuestas hay motivos para múltiples interpretaciones y suspicacias que pueden resultar evidentes como sería inducir el desprestigio de los alcaldes y del gobernador en una acción calculada para que estos funcionarios ante la baja favorabilidad frente a la comunidad  y las dificultades de gestión de recursos frescos para financiar su plan de desarrollo, no les quede más remedio que acudir a los empréstitos, como en efecto lo están haciendo, para los cuales está presta la banca privada que ha visto en las finanzas públicas un extraordinario campo de negocios, donde colocar miles de millones de pesos se hace en poco tiempo, se emplean pocas personas y se  aseguran rendimientos extraordinarios en periodos de mediano plazo, con la garantía de obtener la pignoración de las rentas públicas, lo cual permite la comodidad de tener un deudor asegurado que contribuya a aumentar las utilidades del sistema financiero, el que ha demostrado que nunca pierde: váyale como le vaya a la economía real, la banca ya encontró el camino para aumentar sus utilidades siempre.


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Entonces, el periódico regional de la Casa Editorial El Tiempo publica la encuesta y sin importar quién la haya realizado, porque lo que interesa es quién la publica, sus contenidos se convierten en evangelio verdadero. La Casa Editorial El Tiempo es del banquero más grande del país, Luis Carlos Sarmiento, cuyos bancos congregados en el grupo Aval, se convierten por la misma razón, en las mejores agencias de crédito.

Así que los alcaldes y los gobernadores se pueden convertir en los villanos de la administración, a lo cual contribuyen los medios que ellos controlan, en este caso la Casa Editorial el Tiempo, pero por la otra puerta, esos “villanos y mediocres”, descalificados y postrados funcionarios ante la opinión pública, se transforman en los magníficos clientes del sistema bancario, cuyos dueños son los mismos de los medios que descalifican. Entonces no es nada descabellado inferir que por intención calculada, que no por simple causalidad, la descalificación que hacen los medios que publican encuestas como las que se han referido aquí, estén al servicio verdadero de los bancos de esos mismos propietarios que encuentran en el tesoro público un magnífico filón para seguir engrosando año tras años sus utilidades.

Luego, la Casa Editorial el tiempo y sus medios regionales, deberían abstenerse de realizar este tipo de encuestas ya que resulta muy evidente que aquí se puede esconder la perversa intención de convertir a los mandatarios locales y seccionales en ‘mediocres servidores que no tiene la capacidad de administrar’ y en cambio, aprovecharlos como clientes de sus bancos para exprimir las tesorerías públicas, aumentar sus ganancias y desorientar a la opinión.

En conclusión, la encuesta la publica El Tiempo, El Tiempo es de Luis Carlos Sarmiento, que es el dueño del grupo Aval, es decir de la mayoría de los principales bancos, los que estarían listos a prestarle a estos alcaldes tan mal calificados. Simple.

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