En Colombia no alcanza a tener eco el discurso sobre la vida

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La situación más preocupante respecto a la sociedad actual, en países determinados por políticas que colocan como patrones de vida, sólo el haber y el tener, sin que marchen en forma paralela proyectos globales de reivindicación social, es la inconciencia a que se ha llegado frente al quehacer histórico o función del hombre en el planeta tierra.

La sociedad de nuestros días aparece enredada en múltiples formas de distracción, tanto que la hacen perder de vista los valores esenciales de la existencia humana y las causas por las cuales los pueblos deben librar sus propias luchas, para establecer órdenes de justicia.

El fenómeno de la publicidad, que sólo lleva al consumismo y aún a formas alienantes, deja por resultado una sociedad que no se interroga, que no se cuestiona, que no se traza metas o desafíos, que ni siquiera se crea expectativas, sino que sólo se alimenta de vanidades, de apariencias, de falsos conceptos de seguridades y aún de vida.

Como no se experimenta inquietud por lo humano, por lo trascendente, por lo que pueda encerrar algún sentido de eficacia, de avance hacia las personas y no tanto hacia las cosas, entonces la situación es de desierto, de sequedad, de esterilidad, de estado de muerte.

De los secretos de la vida, como quehacer que comienza en el pensar, en adentrarse hacia la propia interioridad, en un intento por descubrir ese “yo” desconocido, que ha permanecido tal vez en la penumbra, de los secretos para salir hacia nuevas dimensiones, que permitan establecer que distracciones y vanidades, que  triunfos mismos a nivel de conquistas en lo económico, en lo profesional, en la vida social, en la actividad política, no alcanzan a garantizar plenitud, de los secretos de la vida, repetimos, nadie hay que hable; y los que pudieran revelar el discurso sobre lo esencial, en el quehacer histórico, han  optado por acogerse y consagrarse a experiencias de desierto, abandonando el “mundanal ruido”.

Como hombres de clarividencia profética, no creen tener eco con sus tesis. ¿Cuáles? Las de enrutarse por el “camino estrecho” o disciplina alrededor de la palabra, que es la que permite construir el discurso sobre la vida.

Allá en la guerra de intereses quedan flotando en sus propios vacíos, Estados, gobiernos, partidos políticos, religiones, iglesias, ejércitos pacificadores y ejércitos de subversión, sectores de academia, gremios económicos y sociedad de burgueses y emergentes, todos utilizando y manipulando a un pueblo, que sigue ahí con sus situaciones de angustia, de desesperanza, en medio de condiciones azarosas, cargadas de conflictos.

 

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