Otra vez el clima y poco o nada de previsión

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Los fenómenos de La Niña y de El Niño entre 2010 y 2016 dejaron lecciones muy importantes que hoy se ve que no se quisieron aprender. Ahora se dice que volverá el Fenómeno de El Niño y que se prolongará hasta el mes de junio del año entrante. Vale decir que por lo menos el clima en esta región boyacense está muy normal con los primeros aguaceros de septiembre que dan, más o menos, una pauta de tranquilidad en el segundo ciclo de lluvias que se puede prolongar hasta diciembre, mes a partir del cual podría suceder el fenómeno.

Lo primero es decir que del Fenómeno de La Niña no se aprovecharon los aprendizajes correspondientes para prevenir desastres que ya ocurrieron con la reciente etapa de lluvias del último año. Basta para ejemplificar esto, lo sucedido con el Río Cauca y la Represa de Ituango, y la carretera Bogotá – Villavicencio. Estas dos obras son la prueba irrefutable de cómo la imprevisión y la irresponsabilidad son el denominador común de que no queremos aprender. El ciclo de lluvias de 2010-2013, mostró lo que pasa con la cantidad y la fuerza del agua; así que la ingeniería tenía la obligación de revisar lo que podría suceder con el Rio Cauca frente a la obra de la represa, para que se hubieran tomado las previsiones del caso y hoy no estuviéramos con la incertidumbre y la desconfianza sobre el proyecto. En cuanto a la carretera, es evidente que allí se ha querido aprender menos. La historia de la vía en más de 50 años, ha sido un cúmulo permanente de señales y acontecimientos que han mostrado todo el tiempo que la geología del recorrido tiene todas las complejidades y riesgos que exigen soluciones que no se han querido o no se pueden tomar.

Insistamos en la comunicación con el llano; si fuéramos serios, la experiencia de todo este tiempo debió llevar, hace décadas, a que la carretera Alterna al Llano, como se le denominó desde el comienzo, a la vía El Sisga – El Secreto, debería estar en las mejores condiciones, lista todo el tiempo para suplir las dificultades que se ocasionen en la principal. Pero no; nadie ha querido asumir de fondo esta tarea, siendo además que de por medio están los grandes intereses económicos de la capital del país con la región más promisoria de la economía agropecuaria y de hidrocarburos del país. De paso, las condiciones de abandono permanente de la vía han perjudicado siempre al Valle de Tenza, en Boyacá, la región que ha tenido la esperanza de la compensación en la vía a una obra que tanto le ha servido y le seguirá sirviendo al país, como es la Represa de Chivor.

Por eso a la pregunta, ahora, sobre ¿qué tanto estamos preparados para afrontar el impacto de un nuevo Fenómeno de El Niño?, la respuesta es simple: poco o nada. En cuanto a las circunstancias locales, en el departamento, las lecciones del clima parece que han sido menos aprendidas. Solo citar un par de ejemplos para demostrarlo. En el periodo de sequía de 2015 se comprobó que regiones enteras del departamento se quedan sin suministro firme de agua, siendo las más afectadas, el Alto Ricaurte y varios municipios más, entre ellos, ciudades como Duitama. Producto de la emergencia, el gobierno dijo que priorizaba la ayuda para algunos con el fin de dar solución coyuntural y de largo plazo; es así que el mismo presidente Sanos estuvo en Boyacá para presidir una reunión donde se asignaron recursos para tal fin, siendo los casos más emblemáticos los municipios de Tinjacá y Sutamarchán, a los cuales se les asignaron recursos para la perforación de pozos profundos. Hoy, en el caso de Tinjacá, aún no se han concluido las obras de conexión de las aguas del pozo profundo con una red confiable de conducción que responda por el abastecimiento de agua potable para la población en caso de una siguiente sequía, que es la que se anuncia ahora.

Lo mismo sucede con una obra que ha permanecido inconclusa en los últimos 29 años; se trata de la represa de La Copa, en Toca. Esta obra, que fue formulada por allá en los años 70 del siglo pasado, se dio al servicio en 1989, faltándole cinco para el peso. Su capacidad completa está tasada en 72 millones de metros cúbicos, pero la falta de gestión en todo este tiempo para completar la compra de predios que garanticen esa cota, la dejaron con apenas una capacidad de llenado de 58 millones de metros cúbicos, lo cual afecta el pleno uso de su capacidad, que a su vez se refleja en el abastecimiento, aguas debajo, de los acueductos de Paipa y Duitama y del mismo distrito de riego del Alto Chicamocha.

Así que al anunciarse la posibilidad de un nuevo Fenómeno de El Niño, que podría ser igual o peor que el pasado, en el país y en particular en el departamento, no es mucho lo que se ha hecho para afrontar otra emergencia y las que seguramente se estarán dando, si el cambio climático sigue profundizándose como predicen todos los estudios sobre el particular.

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