El simulacro de concertación del salario mínimo

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Por: Edilberto Rodríguez Araújo-profesor investigador integrante del grupo de investigación OIKOS de la UPTC

Después de una puja entre gremios y centrales obreras que reclamaban un reajuste del 9 por ciento frente al 5 por ciento que ofrecían los primeros, el gobierno anunció que este incremento será del 6 por ciento para el año entrante, para situarse esta remuneración mensual en $828.616, lo que significa un aumento de $47.374 al mes y $1.600 al día. Mientras las centrales obreras afines al gobierno, como la CGT y la CTC se plegaron a este, la CUT  y la Confederación de Pensionados de Colombia (CPC) se apartaron de este “acuerdo”,  por considerar que este aumento no mejora la disminuida capacidad adquisitiva de los trabajadores.

La fijación del salario mínimo está determinada por el comportamiento del nivel de precios de la canasta familiar, el crecimiento de la economía y los niveles de productividad observados; sin embargo, en la negociación anual, el único criterio que ha prevalecido es la productividad laboral, en la que centros de investigación patrocinados por agremiaciones patronales como ANIF, han insistido en que es negativa o está por debajo del 1 por ciento. En todo caso, para fijar el reajuste del salario mínimo, los puntos adicionales se presumen que captan el efecto de la inflación causada y una cifra indescifrable del valor agregado en la economía por persona, que es como un arcano estadístico.

De los cerca de 23 millones de ocupados en Colombia, el 39 por ciento percibe uno o menos de un salario mínimo legal, requiriéndose para poder cubrir una canasta básica, por lo menos, dos salarios mínimos, rondando esa cifra lo que han denominado el mínimo vital.

Evolución del salario mínimo y de la inflación

Año Salario Mínimo Mensual ($) Incremento del Salario Mínimo Mensual (%) Variación porcentual del Índice de Precios al Consumidor (IPC) Diferencial (%)
2000 260.100 10,0 8,75
2001 286.000 10,0 7,65 1,25
2002 309.000 10,0 6,99 2,35
2003 332.000 7,4 6,49 0,41
2004 358.000 7,8 5,50 1,31
2005 381.000 6,6 4,85 1,10
2006 408.000 6,9 4,48 2,05
2007 433.000 6,3 5,69 1,82
2008 461.500 6,4 7,67 0,71
2009 496.900 7,7 2,00 0,03
2010 515.000 3,6 3,17 1,60
2011 535.600 4,0 3,73 0,83
2012 566.700 5,8 2,44 2,07
2013 589.500 4,0 1,94 1,56
2014 616.000 4,5 3,66 2,56
2015 644.350 4,6 6,77 0,94
2016 689.455 7,0 5,75 0,23
2017 737.700 7,0 4,09 1,25
2018 781.242 5,9 3,27*/3,5pr. 1,81
2019 828.116 6,0 2,5

Fuente: Banco de la República. * IPC acumulado a noviembre de 2018

Resulta risible la declaración de la ministra de Trabajo, cuando pregona a los cuatro vientos, que este es el mayor incremento “real” salarial en 25 años. Como se desprende del cuadro anterior, el reajuste para 2019 se asemeja al del este año y es inferior al de gran parte de los últimos veinte años, con algunas excepciones. El incremento salarial se alinea con la inflación registrada, observándose que la diferencia corresponde a un remanente que sintetiza crecimiento económico y productividad que puede equivaler de 0,5 puntos a 1,5 puntos.  En el caso del reajuste del año entrante este diferencial equivaldría a 2,5 puntos, lo que de por si no es algo extraordinario, siendo similar a lo observado en 2014.  Lo único “real” es la brecha salarial en los diferentes sectores económicos donde la informalidad, que bordea el 50 por ciento, campea sin Dios ni Ley.

Dado que la economía colombiana tiene indexadas muchas tarifas, tras este incremento viene una cascada de alzas que se desatarán una vez despunte el nuevo año: canon de arrendamiento, tarifas de transporte, servicios notariales, SOAT, seguro de vehículos, comparendos de tránsito, peajes, cuota de EPS, entre otros. Así las cosas, pese a la parafernalia mediática del gobierno, lo cierto es que el salario mínimo va a la zaga del encarecimiento de bienes y servicios, siendo inocultable el deterioro del ingreso de trabajadores y empleados, castigados con impuestos regresivos como el IVA. La contención salarial no contribuye en nada a una economía estancada que está creciendo por debajo del 3 por ciento, pues llevará a que el consumo de las familias se siga comprimiendo. Los empleadores y el gobierno no pueden olvidar, que así como los salarios son un factor de la estructura de costos (oferta), también es un factor de demanda. Lo demás, es demagogia decembrina.

POSDATA: Se inaugura una nueva administración en la UPTC, a la que le deseamos los mejores augurios y los mayores aciertos. Atrás queda una administración saliente que se caracterizó por un estilo autoritario que, pese a sus ránquines de autocomplacencia e indicadores de hipereficiencia, confinó a la universidad al molondrismo burocrático y al inmovilismo académico.

A mis lectores, ¡una feliz navidad y un próspero año!

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