Sigue estudio de fósil de tortuga marina encontrado hace diez años en Boyacá

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Foto: Universidad del Rosario y el CIP

Se trata de los restos de un reptil marino de  125 millones de años de edad del que resultó ser la primera tortuga marina cargada de huevos encontrada en el mundo. El hallazgo se produjo hace una década entre los municipios de Villa de Leyva y Sutamarchán.

El departamento sigue demostrando que es cuna de ciencia e investigación. En esta ocasión, ratifica que es centro de estudios paleontológicos, la persistir en el estudio del primer fósil de una tortuga marina cargada de huevos, algo único en el mundo hasta el momento. La investigación está a cargo del Centro de Investigaciones Paleontológicas de Villa de Leyva – CIP.

Para, el curador del CIP, Juan de Dios Parra, quien fue la persona que hizo tal descubrimiento hace diez años entre las localidades de Villa de Leyva, esto es importante para entender la evolución, reproducción y ecosistema de estos primitivos reptiles, y los cambios de arquitectura que sufrieron sus cuerpos hasta que aparecieron las tortugas marinas vivientes. Además, dijo que este es el tipo de información que ayuda a los paleontólogos y biólogos a dibujar un mapa de causas y consecuencias medioambientales en la hoja de vida de una criatura, y crear formas de ayudar a su conservación.

La tortuga, que pertenece a la especie ‘Desmatochelys padillai’, vivió años guardada en los anaqueles del CIP, y solo hace un par de meses fue descrita en la revista indexada británica ‘Palaeontology’, en un artículo encabezado por el profesor de la Universidad del Rosario doctor Edwin Alberto Cadena, codirector del nuevo programa Ciencias del Sistema Tierra y colaborador del CIP desde hace ocho años.

“Este fósil es importante porque los huevos están muy bien preservados, y por eso pudimos ver que su cáscara era rígida, como en las tortugas de tierra, y no flexible y suave como en las tortugas marinas modernas”, manifestó Cadena.

Según información de EL TIEMPO, el estudio determinó que  “la tortuga estaba a punto de poner sus huevos en una playa de ese gran mar no muy hondo que en el Cretácico temprano se abría al océano Atlántico –un Atlántico bebé–, apenas recién formado, cuando ni siquiera se había alzado el macizo de los Andes y el agua bañaba el interior del continente. Pero no pudo hacerlo, y de alguna manera quedó atrapada entre un lodo rojizo rico en hierro y carbonato de calcio, albergando intactos casi todos los huevos en el interior de su vientre”.

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