En lo que constituye un verdadero milagro y un engaño a la vez, la francesa Veolia, el mayor operador de agua potable del mundo, dice que el agua en Tunja alcanzará hasta 2023, es decir hasta dentro de cuatro años y que para evitar una crisis de abastecimiento se necesitan 64 mil millones de pesos ya, que la empresa no los pondrá, para empezar las obras de captación, bombeo, conducción y nueva  planta de tratamiento.

El agua en Tunja alcanza hasta el 2023, según admite Veolia, operador de la concesión

Incluso la situación puede ser más apretada, si las condiciones climáticas llevan a una situación extrema antes de esa fecha, la capital del departamento podría empezar a sufrir drásticos racionamientos del servicio, dado que en este momento la disponibilidad de agua, en vez de aumentar ha disminuido, ya que Corpoboyacá, ha reducido la concesión del volumen de agua que se puede captar de los pozos profundos.

Y si hay una situación climática que afecte las lluvias en la represa de Teatinos, volveríamos a los escenarios vividos en 1989 y 1996 del siglo pasado, con la diferencia que hoy sería peor la crisis, tanto social como económica. Da escalofrío pensar que en cualquier momento aparezcan el alcalde de la ciudad y el gerente de la empresa concesionaria a anunciar que habrá racionamiento.

Resulta que en 1996, cuando se otorgó la concesión a la entonces Seraqa. S. A., se dijo que había que hacer dos grandes acciones: aprovechar al máximo el agua disponible, y aumentar la oferta efectiva, porque la que había era insuficiente; que a más tardar en el año 15 de la concesión se tendría que tener una nueva fuente y un sistema de conducción de agua superficial conectado a las plantas de tratamiento para aumentar de forma efectiva la oferta de agua a la ciudad. Para eso se estableció que hacia el año 13 la empresa concesionaria tendría que haber realizado y entregado los estudios técnicos correspondientes y que en los dos años siguientes, se deberían garantizar los recursos y ejecutar las obras a que hubiera lugar.

Pues bien, eso debió suceder durante la administración de Arturo Montejo, entre 2008 y 2011, pero no ocurrió. Así que hoy en 2019, ocho años después de la fecha de vencido el compromiso contenido en el contrato de concesión, si bien es cierto que está identificada la fuente de suministro y los estudios ya están completos para la captación, bombeo y conducción del agua, nada se ha hecho para buscar la financiación de tales obras, las cuales tienen un costo calculado en 64 mil millones de 2018, de los cuales no hay un solo peso, y que de acuerdo con el compromiso contractual, deben ser garantizados por el Municipio, es decir ese dinero debe salir de los presupuestos públicos.

Consultado el alcalde Pablo Emilio Cepeda, en efecto, sobre estos recursos no hay adelantada ninguna gestión; y, de recursos propios de la ciudad no hay disponibilidad en estos momentos, por lo que la situación se torna muy complicada dado que el tiempo comienza a correr en contra de la solución oportuna y con seguridad nadie quiere imaginar lo que le sucedería a Tunja si a estas alturas se vuelve a decir que regresan los racionamientos del servicio de agua.

Proactiva tendría en sus manos el futuro del agua de Tunja pues la ciudad no cuenta con los mil millones de pesos para asegurar el recurso. FOTO / Hisrael Garzonroa – EL DIARIO

Qué ha sucedido

En un comunicado oficial la compañía se adelanta a afirmar que “Tunja no sufrirá por desabastecimiento de agua durante el fenómeno de El Niño que se ha anunciado para estos primeros meses del año,  por el IDEAM, el cual se extenderá hasta el mes de marzo”, sustentando tal afirmación en que “el embalse de Teatinos, del cual se capta el 80 por ciento del agua que abastece al área urbana de Tunja, cuenta actualmente con 5.5 millones de metros cúbicos equivalente al 90% de su capacidad de almacenamiento”.

Resulta que esta es la cifra clave, porque aquí está el milagro: hace 23 años, el día de la concesión, el sistema dependía en la misma proporción de Teatinos; el resto era desde entonces de los pozos profundos, que ya estaban perforados y en funcionamiento. Es decir, desde 1996 no se ha agregado un solo litro de agua por segundo a la oferta efectiva, con el agravante, el año pasado, de que Corpoboyacá completó el estudio sobre la zona de recarga del acuífero del cual toman el agua los pozos profundos y comprobó que la cantidad de agua disponible de estos es menor a la concesionada inicialmente; es decir, de los 180 litros segundo que se autorizaban, ahora los estudios determinan que solo se pueden usar 120 litros. Así que la oferta, en vez de ampliarse con respecto a lo que había en 1996, hoy se reduce en 60 litros segundo.

En el momento de la concesión, la ciudad tenía una población estimada de 115 mil habitantes (proyecciones del DANE), y para 2019, sin tener la cifras del último censo, Tunja contaría con 202 mil habitantes, lo que equivale a un 75% más de población, que en términos de suscriptores aún es mayor, ya que la cifra de estos está doblada de 1996 a hoy.


$64 mil MILLONES
Son necesarios para aumentar la captación de agua en las plantas de tratamiento.


De modo que surge la pregunta sobre cómo lo han hecho para abastecer la ciudad 24 horas, con la misma cantidad de agua y sin racionamientos, con semejante crecimiento. La respuesta es sencilla y muy importante: la eficiencia del operador, que, de paso, es un patrimonio invaluable que hay que conservar, hizo que se llevaran dos variables  a los mejores niveles: de un lado, se han corregido las pérdidas de los caudales. Cuando comenzó la concesión, se perdía el 62% del caudal que salía de la planta de tratamiento. Con el riguroso y técnico manejo del concesionario, esas pérdidas, que es imposible llevarlas a cero, hoy, sin embargo, están alrededor del 15%, que es una meta difícil de alcanzar, al punto que en esto Tunja es modelo a nivel nacional. Por otra parte, en el momento de la concesión se reconocía por parte del gobierno que el consumo medio de litros de agua persona día era de unos 130, hoy en Tunja el promedio ronda los 90 litros persona día.

Así que una operación simple lleva a comprobar que la recuperación del 46% del caudal que se iba en fugas, y el 31 por ciento ahorrado en el proceso de la reducción del consumo persona día, da que la empresa pudo agregar a la oferta efectiva alrededor del 70% de caudal vendible que coincide con la proyección del aumento de la población.

Pero es precisamente con estas cifras que se puede demostrar que el aseguramiento del servicio está sobre el filo de la navaja, dado que hoy se podría afirmar que ya existe la condición deficitaria neta de la oferta de agua con respecto a la demanda. Teniendo en cuenta el número de habitantes, la demanda superaría la oferta alrededor del 6%, lo que se agrava con la disminución de la concesión para el uso de los pozos profundos.

Sin temor a pretender una situación extrema, la realidad es que hoy, Veolia, no podría agregar un solo usuario más a las lista de suscriptores, dado que no hay disponibilidad de caudal para atenderlo con seguridad. En otras palabras, el milagro se agotó.

Acciones inaplazables; el problema es la plata  

En estas condiciones no hay duda de la urgencia de actuar; no hay de otra o volvemos a las oscuras épocas del racionamiento, con la diferencia de que hoy eso sería una auténtica catástrofe tanto social, como económica. Teniendo los estudios que dicen que la fuente superficial de captación de la oferta adicional de agua que necesita la ciudad es la represa de La Copa y sabiendo todo lo que hay que hacer en materia de captación, estación de bombeo, tanque intermedio y conducción a una nueva planta de tratamiento que hay que hacer en el sector de Los Muiscas y cuyos terrenos ya están identificados, el asunto es sencillo en apariencia: poner la plata sobre la mesa y empezar a trabajar para tratar de conjurar la crisis que puede suceder en cualquier momento de aquí en adelante.

Por su parte el alcalde Pablo Emilio Cepeda manifiesta que a estas alturas no conoce con exactitud la situación que aquí se acaba de describir y que la verdad no ve una fuente inmediata de recursos de donde se pueda echar mano para empezar las obras; además, porque ya está en la recta final de la administración, lo cual no lo exime de su responsabilidad.

Entonces, dónde están los 64 mil millones que se necesitan. La primera fuente donde habría que buscar es en el mismo operador de la concesión. Sin embargo, este dice que no; que eso no está en el contrato y que por tanto no responde, que ya tiene su parte, tarde pero ya la tiene, que son los estudios ya mencionados, y que desde París se sabe que los accionistas no renunciarán a un solo centavo de sus dividendos.

Si se mira para el lado del gobierno nacional, la verdad es que las esperanzas son muy pocas. La capacidad política de la clase política en el Congreso y en el alto gobierno es muy modesta; y, fuera de eso, la ciudad se ha caracterizado por ser muy poco afecta al uribismo, incluso al actual presidente Duque. Así que el panorama por ese lado se complica.

Entonces, no quedaría otra: Veolia que saque la plata del negocio

Esta debe ser la alternativa; los resultados económicos de la concesión han permitido que el mejor negocio de la francesa Veolia en Colombia, que a su vez es la más grande operadora de agua potable en el mundo, sea el de la concesión del acueducto de Tunja; así que del mismo cuero deben salir las correas.

Con las cifras en la mano: en los últimos diez años, las ventas anuales de la compañía en Tunja han evolucionado de los 25 millones en 2010, a los más de 40 mil millones en 2018, una cifra extraordinaria, que debiera rendir ganancias importantes para el municipio, que en últimas es el dueño del negocio, dado que contiene el universo de clientes en situación de monopolio. De manera que ha sido mucho más de 250 mil millones de pesos los recaudados en este tiempo.

Ahora bien, teniendo en cuenta la cifra de ventas de 2018, de 40 mil millones de pesos, quiere decir que incluido el año pasado hasta 2026 fecha de terminación del contrato de concesión, el mercado le garantiza a la empresa unas ventas mínimas de 360 mil millones. En los últimos 20 años de la concesión, entonces, habrá vendido unos 600 mil millones de pesos de 2018, de donde se podrían hacer las cuentas redondas:

Si se calcula una utilidad declarada constante de 4 mil millones del mismo 2018, entonces la empresa obtendrá al final del ejercicio en las dos terceras partes del tiempo de la concesión la no despreciable suma de 80 mil millones de pesos de utilidades netas, una cifra superior a los 64 mil millones que hoy calcula la empresa se requieren para las obras necesarias para conjurar la crisis de abastecimiento que sucederá de todas maneras hacia el año 2023, es decir en cuatro años o antes si las condiciones climáticas se extreman en cualquier momento.

La empresa mantiene una nómina aproximada de 200 empleados y trabajadores, que debe costar unos 7 mil millones de pesos al año, lo que daría en los 20 años un costo de unos 140 mil millones, a lo cual se deben sumar las inversiones obligatorias del contrato que son 22 millones de dólares, que al cambio actual serían unos 62 mil millones de pesos, y suponiendo que los impuestos sean el 20% del volumen total de ventas en los 20 años sobre los mismos 600 mil millones de pesos, serían unos 120 mil millones de pesos más; y, suponiendo que los imprevistos sean del 20% de ese total que serían otros 120 mil millones, la suma de todos estos costos en los últimos 20 años daría, a pesos de 2018, alrededor de 522 mil millones; o sea que aún quedarían por explicar 78 mil millones de pesos que serían excedentes del ejercicio, de los cuales no es claro su destino y que son una suma superior a los 64 mil millones de pesos que dice Veolia que hoy se necesitan para hacer las obras.

Las cifras citadas demuestran que, como mínimo, la concesión debe cumplir con las expectativas de cuando se hizo el negocio, que era la solución definitiva al suministro del agua para la ciudad en el largo plazo.

Y precisamente aquí estaría el engaño. Cuando se adjudicó la concesión el argumento era que del presupuesto público no había de donde sacar para solucionar el problema del agua en Tunja, que por tanto se necesitaba un inversionista privado, pero que como este actuaba bajo las leyes del mercado, entonces había que subir la tarifa para hacer rentable el negocio y que ayudara en la solución. Con este argumento, la ciudad también pasó a tener la estructura tarifaria más costosa del servicio de agua en Colombia. Así que durante estos 23 años se han pagado tarifas cuyos excedentes se han convertido en dividendos de inversionistas que no han puesto un solo peso para la solución del problema, que hoy es el mismo o peor que el del primer día.

En caso de que que llegará a darse el desabastecimiento, la crisis sería mucho peor que la de 1996. Garzonroa – FOTO / Hisrael Garzonroa

Las cuentas que nunca se han rendido

Desde luego que de las cuentas citadas, las que se saben ciertas, corresponden al volumen de utilidades declaradas por la empresa, el valor de las ventas a la fecha y las proyectadas hasta el final de la concesión, lo mismo que los compromisos de la inversión proyectada obligatoria por parte de la empresa según el contrato. Los otros costos: administración, nómina, impuestos e imprevistos, son aproximaciones.

De lo anterior se concluye que se hace imperativo que la Administración Municipal y la empresa debieran rendir cuentas exhaustivas a la ciudad de lo que ha sido el resultado del ejercicio económico en lo que va corrido de la concesión y precisar el comportamiento futuro del negocio que ya se sabe cómo funciona, hasta el año 2026, fin de la concesión.

Y Veolia espera la prórroga por otros 30 años

Esto lo reconoce el alcalde Pablo Cepeda, que todo parece indicar que la empresa pedirá en estos días la prórroga del contrato por otros 30 años, para que el asunto quede asegurado desde ahora, hecho que plantea múltiples interrogantes y que se extienden a los demás servicios públicos concesionados en la ciudad, que son el alumbrado público y las basuras.

Es apenas lógico que la empresa esté pensando en la prórroga del contrato de concesión desde a sabiendas que el de Tunja es el mejor negocio que tiene Veolia en Colombia. El asunto es cómo serían las condiciones de la prórroga de un negocio de estas dimensiones. Lo que es claro es que dicha prórroga no puede darse sin que se garantice la solución al problema del abastecimiento seguro y suficiente, antes del plazo que da la misma empresa, o que suceda un racionamiento del agua por causas del clima.

2 COMENTARIOS

  1. LA VERDAD ES QUE EL GOBIERNO MUNICIPAL, DEBERIA OBLIGAR A LOS SEÑORES DE VEOLIA, A QUE INVIERTAN ESOS 64.000.000 MILLONES QUE SE REQUIEREN PARA SUPERAR ESTA DELICADA SITUACION, PARA EL FUTURO DEL SERVICIO DE AGUA EN NUESTRA QUERIDA CIUDAD……..OJO QUE NO NOS VAYA A PASAR LO DE YOPAL.

  2. Que tema tan preocupante y miran los posibles escenarios que puedan suceder y su. vez mirar con antelacion sus posibles consecuencias muchas gracias

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