Lago de Tota, a propósito del día internacional de los humedales

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Foto | Hisrael Garzonroa

Por: Juan Ricardo Díaz Ayure | @DiazAyureJuan

En este año de elecciones ayude a que el Lago de Tota sea un tema vital entre la agenda de los políticos regionales.

El 2 de febrero de 1971 en la ciudad de Ramsar en Irán se firmó la “Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional”. Desde 1997 en este día se conmemora la importancia de estos ecosistemas que año tras año ocupan un área más reducida sobre la superficie del planeta.

            Precisamente, una de las maravillas ambientales del departamento de Boyacá es un humedal, el Lago de Tota. Un ecosistema que ubicado a 3.015 msnm, seduce a visitantes con una escala de verdes y azules pintados desde la punta de picos donde resisten varios páramos que protegen alrededor 55 km2 de aguas frías que penetran los huesos de quienes se atreven a tener contacto con ellas. El mismo, que infla el pecho de boyacenses que en redes sociales publican fotos asegurando que para conocer la playa no necesitan ir a la costa, pues en su tierra encuentran Playa Blanca, una de las más altas del hemisferio norte y del mundo.

            Bajo la vista de quien se atreve a contemplar más que el paisaje, muy atractivo por cierto, se encuentra un ecosistema maltratado, sin compensación económica justa por los beneficios que entrega a todo aquel que quiera desarrollar una actividad productiva en sus terrenos. Gracias a él, muchos han podido mejorar su poder adquisitivo y calidad de vida, en un territorio que hace 70 años vivía corroído por la pobreza, la malnutrición y el confinamiento económico. Entrega agua que alcanza para el abastecimiento de varios municipios, el riego de cultivos, la producción de trucha y el disfrute de aquellos que exploran alternativas en torno al turismo acuático. A cambio recibe residuos orgánicos y químicos que cargan de nitrógeno, fosforo y plaguicidas sus aguas.

            En el 2018 se anunció que podría dejar de ser considerado un destino sostenible, según lo anunció Green Destinations, una organización holandesa que reconoce y certifica los avances en pro de la sostenibilidad de los destinos que recomienda. A cambio, varias organizaciones sociales han logrado alinear esfuerzos con instituciones ambientales regionales para solicitar el reconocimiento internacional de éste ecosistema como sitio Ramsar, lo que obedece a una convención a través de la que se busca lograr conservar y usar racionalmente sus recursos.

            Sin embargo, la acción institucional con competencia sobre el lago es muy precaria y a veces hasta parece que menosprecia la importancia ecológica de un sistema acuático que es hábitat de varias especies endémicas y, en sí, un sitio estratégico para la protección de flora y fauna que, además, es vital para la subsistencia de alrededor de 400.000 personas.

            Mucho se ha dicho y escrito sobre el estado ecológico del ecosistema, también, sobre sus soluciones a largo plazo, pero la experiencia muestra que frente a todas las alternativas, son las pequeñas acciones, las de los ciudadanos de a pie, las que pueden generar resultados a favor de la sostenibilidad de éste tipo de ecosistemas. Por ejemplo, en año de elecciones ayude a que este sea un tema vital entre la agenda de los políticos regionales.

De Boyacá para sumercé: “por vida suyita” y la de sus hijos también ayude a proteger el lago.

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