Riesgos

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Imagen | Vía conlaorejaroja

Por | Silvio E. Avendaño C.

La vida se puede perder como peatón, o por la postverdad y, lo peor, por la falta de sentido crítico.

La conciencia de sí mismo se halla en un piélago de escollos. En el instante en que se abre la puerta de la morada y se dice- ¡Adiós!- es como si se presintiera que es la última salida y que no se está seguro de volver. Tropezar, caer, quebrarse un hueso, porque se han robado la tapa del medidor del agua. También el paso en falso por la esquirla del concreto  cuarteado. Los andenes demasiado estrechos. El perro se lanza contra la corporeidad, ante la pasividad del dueño: “¡Tranquilo! Ese no muerde”. Una moto transitando por donde no es su camino. El desvío… un automóvil está parqueado en la acera. Las cebras son peligrosas. El conductor del automóvil no es daltónico, y se pasa el semáforo en rojo. A la vuelta de la esquina el rapaz, con el puñal que puede hundirse en el vientre si no se entregan los billetes, el celular, los papeles. El aire apesta, el ruido daña el oído, los ojos arden ante el camuflaje, por años, de los efectos sobre la salud que tiene la emisión de gases venenosos por parte de los vehículos, que  continúan en venta ascendente por parte de las multinacionales.

El discernimiento se halla en peligro, pues no se sabe que se encuentra al acecho al  transitar la jungla de las imágenes y de los sonidos. Justo, cuando las tecnologías parecían que acercaban a la realidad utópica de una democracia basada en la información verídica y contrastada, universalmente accesible, se multiplica la máquina de fabricación de falsedades… No se puede olvidar la pertenencia a la colectividad que distorsiona deliberadamente la verdad con el fin de moldear la opinión pública. Un asedio de trinos en los que no interesa la verdad; es decir, la adecuación del intelecto y la realidad. Interesa imponer la falsedad. Los anuncios provocan sensaciones, sentimientos, emoción. No se puede olvidar que  la radio hizo posible que se viera a los marcianos, cuando Orson Wells llevó a cabo: La guerra de los mundos. La televisión conduce al mundo insustancial; la enciclopedia en internet (Wikipedia) a la ignorancia.  Y, el arte de hacer creer al pueblo el embuste, el fraude y la mentira. El carro del alma, dice Fedro, en el diálogo de Platón, es dominado por los caballos y no por el cochero- por la pasión, la emoción y el deseo y, no por la inteligencia.

Más, si se es ingenuo, como Pinocho, se puede caer en una celada. Y el peor peligro es creer todo lo que se oye, lo que se ve y se dice.  Valdría considerar por qué se es tan ingenuo. Está bien que se divulgue la falacia, la mentira, la postverdad, pero el mayor peligro es que no exista la distancia, la duda, la ironía y la crítica para no caer en la atmósfera de lo superficial y lo frívolo.

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