Sobre la verdad

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Por | Silvio E. Avendaño C.

Dado el analfabetismo de la mayoría de los creyentes se privilegió la vista y el oído, de ahí que el cristianismo hiciera posible los vitrales, las estatuas sagradas, las pinturas. El aporte de Lutero fue traducir la Biblia y popularizarla. Los creyentes buscaron aprender a leer para poder tener contacto con el texto sagrado. Todo ello fue posible debido al invento: la imprenta. De esta manera, el cristiano, sin mediadores, podía acercarse a la verdad, dado que mediante la lectura del texto sagrado podía hablar con Dios.

Más, el Concilio de Trento (1543-1563) prohibió la traducción de la Biblia. Con el tiempo se hicieron los catecismos de los jesuitas, Astete (1599) y Ripalda (1605) que formaron a los hispanoamericanos en cuestiones religiosas, sin que se necesitara saber leer o escribir, ya que los curas doctrineros llevaban a que se aprendiera el catecismo de memoria.

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En el siglo XVII las gacetas y los periódicos se extendieron y con ello comenzó la información que se consideró verídica. Como síntesis de la modernidad y el ascenso de la burguesía, la prensa diaria nace en Londres. Se configura desde entonces el flujo de noticias, la opinión pública y el dinero: en 1702 nace el primer periódico. Por eso es que en el siglo XVIII, los periódicos nacen impulsados porque un estrato de sujetos económicos necesitaba noticias sobre los gobiernos, sobre los viajes, sobre la situación en los lugares de destino de sus inversiones.  Más, en el siglo XIX, en cierto modo, el mundo dejó de ser natural cuando el espacio urbano comenzó a ser iluminado, gracias a los cambios tecnológicos y, de manera especial, con la electricidad. En 1901, Marconi inventó la radio. Hacia 1926 se hicieron las primeras experiencias televisivas. Los sonidos y las imágenes, en el mundo electrificado, representaron la verdad.

En el mundo contemporáneo, de diferentes intereses, no hay una verdad, pues prevalece el interés del más fuerte, a través de la guerra, así sea de posiciones. No se puede olvidar que la mentira ha sido parte de la política. Pero el papel en la conformación de la opinión pública de otros elementos como la diversidad de actores políticos, permitía el derecho a la información y el papel de los medios de comunicación, hacía posible un equilibrio imprescindible. Más, el impacto de la tecnología, y su transformación crea problemas. Las estrategias de desinformación inciden en la emoción de las decisiones políticas, en la fragmentación de la opinión pública, en la creación de esferas públicas paralelas, y, por tanto, en la polarización, en la ausencia de referencias informativas válidas y la creación de un clima de sospecha general que pone en cuestión el papel de la verdad y la política. A diferencia de otros momentos de la historia, por ejemplo, para los griegos, la verdad era teórica, abstracta como la geometría y, en el mundo premoderno las verdades colectivas eran de carácter metafísico.

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