Germán Arango, el periodista de guerra que se enamoró de Belén

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Germán Arango, un periodista nacido en Bogotá pero boyacense de corazón, vivió varias facetas de la guerra, tanto la de su natal Colombia como la de Vietnam, a la que llegó como parte del ejército norteamericano y en la que terminó oficiando como reportero del Ejército estadounidense y como vocero para el resto de la prensa. Hoy, retirado del oficio, pasa sus días en la tranquilidad de Belén, tierra de la que se enamoró desde años atrás.

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EL DIARIO: ¿Qué lo enamoró de Belén?

Germán Arango: Particularmente, recuerdos familiares. Mi familia materna es toda de Moniquirá, y ellos hicieron muchas amistades con gente de aquí, de Belén, también de Santa Rosa de Viterbo. Además, yo tuve un tiempo en que, además de músico, fui ciclista y aprovechaba para venir aquí a Belén. De hecho, aquí pasé mi luna de miel, tanto pasé aquí hasta que me enamoré de esta tierra.

E.D: ¿Cómo fue esa etapa de su vida en que se dedicó a cubrir periodísticamente el conflicto, la guerra?

G.A: Lo primero fue haberme ido a Estados Unidos a estudiar y luego a vivir como residente, después me hice ciudadano. Regresé a Colombia y comencé mis prácticas periodísticas en un periódico que se llamaba El Frente Unido, que pertenecía al sacerdote Camilo Torres, al que llaman el ‘cura guerrillero’, él me dio la oportunidad de empezar a hacer comentarios políticos y también comentarios deportivos, ahí comenzó todo. Cuando mataron al padre Camilo, yo decido regresar a Estados Unidos y estaban en plena guerra de Vietnam. Era obligatorio ir al ejército. Yo tenía la opción de ir como voluntario o ir obligado, opté por ir voluntariamente con la promesa de que me iban a dar estudio, propiamente dicho en periodismo que era lo que yo quería estudiar. Además de eso era obligatorio estudiar medicina por la falta de médicos que podía presentarse en la guerra. Finalmente la promesa de que no me iban a mandar a Vietnam no se cumplió, resulté en Vietnam, inicialmente en un campamento médico. Ese campamento fue bombardeado por lo que se conoce como fuego amigo, es decir, las mismas fuerzas de Estados Unidos. Ahí me hirieron y me trasladaron a un batallón de comunicaciones donde empecé a trabajar propiamente como reportero para el ejército y al mismo tiempo como vocero para la prensa.

E.D: ¿Cómo ve el periodismo de hoy?

G.A: Yo trabajé 18 años con Associated Press, la agencia de prensa más grande y más prestigiosa del mundo, como corresponsal de guerra precisamente. Trabajé como editor general del periódico El tiempo, acá en Colombia, y con otros medios, Caracol, RCN, el Espectador; en fin. Todo este recuento es para decir que siento mucho lo que está pasando con el periodismo. Lamentablemente es otra cosa totalmente diferente, respecto a lo que a mí me enseñaron, y luego frente a lo que yo enseñé. Ya no hay un periodismo crítico para nada, no existe ese periodismo que cuenta las cosas tal y como sucedieron, que busca fuentes, sino que el periodista se contenta con ir a una sola fuente. Generalmente la fuente oficial y de ahí no se sale.

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