Gachantivá, en la búsqueda de nuevas relaciones, distintas al afán de lucro

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Foto | Hisrael Garzonroa

Por: Pedro Pablo Salas Hernández

Ciudadanos de África, Europa, Norte, Centro y Sur América, de 20 nacionalidades, se reunieron en un ejercicio de reflexión, donde se intercambiaron los colores, los lenguajes particulares locales, y cómo desde allí se pueden aventurar predicciones, construir otro mundo, justo para todos y todas.

Bajo la figura de eco-aldea, un nombre muy provocador en tiempos donde se debaten a profundidad las determinantes, las multicausalidades y las multivariantes relaciones de funcionalidad de los territorios, en un sistema mundo desterritorializado, donde no sólo se relativizó el concepto espacio tiempo para la explotación capitalista, sino que el mismo colectivo humano, experimenta otras relaciones, otras experiencias dentro de su territorio, viajando a los otros territorios, otra concepción espacio tiempo distinta al afán de lucro, más hacia el hedonismo espacio – tiempo, migrando.

Así lo local se resignifica en comunidades menos locales, viajeros del mundo, que quieren experimentar nuevos espacios tiempos, relacionados con otras culturas, alimentando una suerte de cosmopilistismo colectivo, global, de intercambios humanos, etc.

Este tipo de ejercicios fue el que tuvo lugar a Gachantiva, un municipio abrazado por las montañas del bosque alto andino, donde se viven experiencias de nuevas ruralidades; una mezcla de mestizaje de campesinos tradicionales y neo-rurales, que han creado sinergias y resiliencias para construir nuevas formas de vivir en el territorio; pero, a la vez, están fundando nuevas subjetividades locales que han dado formas a un colectivismo-comunitarismo autónomo, que se convierte en una experiencia de acción colectiva local, respondiendo a retos como la resistencia a la llegada de la minería, y un debate profundo sobre quién manda en los territorios de cara a la historia, a las formas hechas por el tiempo, a la biodiversidad, y la cultura; una especie de paisaje antropológico ligado a la naturaleza y cosmovisiones compartidas, a la vecindad, al don de dar, de Mauss (1), que buscan evitar el extractivismo como modelo de desarrollo excluyente y depredador para esta esta zona de Boyacá.

Se ha desatado un proceso de comprensión y autonomía que incluye la alternatividad al desarrollo a través de iniciativas como el turismo comunitario, que implica una oferta distinta del valor del territorio, tejido con el trabajo y las nuevas reflexiones y comprensiones sobre lo local.
En la eco-aldea cochahuaira (puente entre el cielo y la tierra) de Gachantivá tuvo ocasión el encuentro «La defensa de la casa común» haciendo alusión a que no sólo debemos defender nuestra casa propia, (privada, egoísta), sino la colectiva, la de la bondad, la que es de todos, el planeta entero, como lo plantea Marc Auge (2). ¿Qué pasó? Ciudadanos de África, Europa, Norte, Centro y Sur América, de 20 nacionalidades, se reunieron en un ejercicio de reflexión, donde se intercambiaron los colores, los lenguajes particulares locales, y cómo desde allí se pueden aventurar predicciones, construir otro mundo, justo para todos y todas. Se habló de paz, de la muerte infame de los líderes sociales en Colombia que cuidan la tierra y son el alma de lo común; se habló de las formas de poder y evolución de la resistencia.

Todos estos micro relatos, se van conformando en un sentido de carne, de darle forma y valor tanto al trabajo local como a la palabra, que no se cierran sino que significan un nuevo vuelo, para salir al encuentro de los que vienen, también, con sus propios espejismos, pero anclados en sus propias realidades, a construir otro mundo posible, donde los instrumentos, las herramientas de la tecnología y la ciencia estén en función del cuidado de la vida, más allá de la antropocéntrica concepción limitada, para ir en búsqueda de unidades que nunca debieron estar fracturadas; los tejidos necesarios del bien vivir, nada utópico, es el camino de nuevas elecciones sociales-globales que están en nuestras manos, si superamos la quimera neoliberal.

1-Marcel Mauss, El don de dar
2-,Marc Auge ¿Qué pasó con la confianza en el futuro?

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