Un cementerio, un observatorio y otros tesoros ancestrales de la UPTC y los boyacenses

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Foto | EL DIARIO

Acceder a la educación superior hoy en día es un privilegio de pocos y una ilusión de muchos. La UPTC por la variedad de programas académicos y por su condición de universidad de investigación es seguramente la más apetecida por estudiantes e investigadores. Pero más de 500 años atrás era el lugar deseado por la mayoría para pasar sus días en el más allá.

El Cercado Grande de Los Santuarios es uno de los tesoros culturales más importantes de Tunja, pero pocos de sus pobladores lo conocen. Es un extenso cementerio indígena ubicado apenas a unos pasos del edificio administrativo de la UPTC.

“Este era un sitio de una especial importancia para las comunidades indígenas que habitaban esta zona antes de la invasión española (…) la información arqueológica que se ha recolectado acá desde 1937 data que este era un sitio de mucha importancia. Acá enterraban a la gente y hacían seguramente algunos ritos, algunas ceremonias”, cuenta el profesor Pedro María Arguello García, director de la Escuela de Posgrados de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UPTC.

Pedro Arguello, un bogotano de nacimiento, pero boyacense de corazón, se siente afortunado de haber llegado a la UPTC, sabe que no fue por casualidad, pues fue su pasión por la arqueología lo que lo hizo enamorarse de esta tierra y especialmente del misticismo que encierra la universidad. “La UPTC tiene una posición privilegiada porque en los predios de la UPTC están los tres sitios arqueológicos más importantes de todo el norte del altiplano cundiboyacense y algunos de los sitios arqueológicos más importantes del país”.

Excavar hoy en el Cercado Grande de Los Santuarios no está permitido, pero han pasado cerca de 80 años desde que se realizó la primera excavación, por lo que aprendido hasta el momento es infinitamente valioso, pues este sitio no solo cuenta la historia del único cercado indígena que sobrevive en nuestros días en la ciudad, sino que también explica un poco de lo que es hoy la sociedad colombiana.

“Estos sitios nos permiten desde la arqueología comprender cómo es la sociedad colombiana hoy. Hay una cosa que a mí me llama muchísimo la atención, por ejemplo, ahora que estamos en elecciones, a pesar de que nos aterre y nos parezca muy mal, vemos que persiste esa práctica de que aquel que aspira a ser un cacique regional, a ocupar un cargo político; recurra a darle comida a la gente y haga una fiesta. Eso puede que sea la sobrevivencia de una práctica ancestral. Eso es lo que hacían los caciques hace 500 años. Para tener poder se diferenciaban justamente por esa capacidad de organizar una gran fiesta. Hoy día nos aterramos por eso y decimos que no está bien pero no nos hemos parado a pensar por qué la gente lo sigue haciendo”, comenta Arguello.

Y así como estos sitios han permitido conocer algo de la organización social y política de la época, también son un libro abierto de las virtudes, aciertos y errores que tuvieron los pueblos indígenas en algo tan trascendental para la sociedad boyacense de hoy como es la agricultura.

“En una investigación que se hizo hace unos años, por parte de una profesora que ya se pensionó, se demostró la variedad de papa que había en estas zonas. El cubio, los fríjoles, es decir, usted va a un supermercado y encuentra dos tipos de fríjol, eso es supremamente limitante; esta gente tenía 50 tipos de fríjol. Vamos a la plaza de mercado y encontramos cinco tipos de papa, los indígenas tenían cientos de variedades de papa y eso repercutía en la salud de la gente, en el cuidado del medio ambiente, y en otra variedad de características sociales que hoy en día se han perdido, pero poder entenderlo nos ayuda a generar alternativas. Por ejemplo, zonas que hoy están quedando improductivas, quedan así por haberse dedicado exclusivamente al monocultivo; los indígenas tuvieron dos mil o tres mil años habitando el territorio y entendieron que el monocultivo no servía”, agrega el profesor Arguello sobre la infinidad de saberes que pueden encontrarse a partir del estudio de estos sitios.

Pero a pesar del tesoro de conocimiento que implican estos tres predios propiedad de la UPTC, han sufrido el desprecio de gran parte de la sociedad boyacense, que por los afanes del día a día o por simple falta de interés no se han dado la oportunidad de detenerse a averiguar un poco más de lo que alguna vez fuimos como sociedad. “Hay de todo. Hay gente que pasa por el lado y ni se inmuta, hay otros que sí se interesan, que hacen un alto en el camino para ver esto que está aquí”.

Eso está bastante claro para directivos, docentes y estudiantes; por eso la universidad tiene planeado destinar recursos para que estos saberes ancestrales, esta patrimonio de la sociedad boyacense deje de pasar desapercibido. “La Universidad en este momento está destinando recursos para poner un poco más visible estos sitios arqueológicos, darles la importancia que tienen, promocionarlos; y que tengan una integración más armónica con lo académico y con la investigación. Somos conscientes de que muchos decían <<yo pasaba y nunca lo veía>>, quiere decir que algo veníamos haciendo mal. Por eso el plan de la universidad para que esto sea un poco más visible y que la gente lo conozca, lo visite, lo valore, y que nos sirva como herramienta para hacer investigación”.

Cada uno de estos parques arqueológicos tiene su historia, sus hallazgos y sus características. “Villa de Leyva, de lejos, despunta por la cantidad de monolitos y además que tiene el observatorio solar, eso es único de Villa de Leyva. Sogamoso es el sitio donde estaba el Templo del Sol, ahí está documentado por el arqueólogo Eliécer Silva Celis que este era un sitio de gran importancia ritual, era como la catedral primada de los muiscas. Es decir que mientras en un lugar colocaron estratégicamente las piedras para poder observar el astro, en otro le hicieron un gran templo para adorarlo. Y está Tunja, la sede de aquí, que, como contamos antes, era un sitio destinado para el descanso eterno”.

El Cercado Grande  de Los Santuarios ha sido declarado por la misma universidad como un lugar de reserva arqueológica, lo que quiere decir que no se va a tocar sino que va a quedar para investigación científica, confiando que las técnicas de excavación del futuro permitan una mayor conservación de la historia allí guardada. Sin embargo, a unos metros de allí, en un par de semanas comenzará una excavación gigante, que antecederá la construcción de un edificio. Por eso, antes de sepultar con cemento cualquier hallazgo histórico que allí pueda encontrarse, se hará una excavación que con anhelo esperan entusiastas y amantes de la arqueología como el profesor Pedro Arguello García.

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