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Los hombres se miden por sus actitudes de vida

Las cumbres siempre fueron consideradas por el hombre como un signo de desafío. En esto de escalar y conquistar posiciones, cuenta mucho la actitud de vida, la claridad que se tenga sobre el entorno, ya que las alturas sólo se hicieron para gigantes del espíritu y no para seres ruines. Manifiesto Comunero.

Hay subidas de subidas en esto del afán humano por escalar. No toda forma de ascender, de sobreponerse, resulta válida para los contenidos que deben encerrar la vida, la individual y la colectiva. Puede suceder que todo se reduzca a un simple afán de figuración. De ser así la situación es de v acío.

No cualquier triunfo puede ser considerado como conquista de lo humano. Hay que ver tras de qué se va y qué es en definitiva lo que se puede mostrar. Porque se trata de definirse no tanto en el “hacer”, cuanto en el “ser”. En otros términos, sólo se es como persona, cuando se avanza hacia lo complejo de lo humano y no tanto hacia las cosas.

Quien lo creyera: hay triunfos que terminan empequeñeciendo al hombre, si no es que lo destruyen. Conocemos de hombres que llegados a ciertas posiciones o cargos, han acabado por sentirse tan “importantes”, que hasta se construyen su propia “fortaleza”. Creen que han llegado a un estado de grandeza. Entonces, crean barreras, se aíslan. Exigen que se les haga antesala, que se les brinde pleitesía.

En fin, tratan de impresionar. Y no faltan quienes los admiran.

Reconocerlos en su vanidad y adaptarse a su aire de suficiencia, es propio de seres ruines; tan ruines como los que han llegado a considerarse gigantes, cuando sus pies son de barro.

El desmonte de este tipo de vanidades y que revelan ridiculez, miseria de espíritu, es golpe que lo vienen a dar personajes ahí sí grandes, respetables. Con todo y sus altas posiciones o cargos, no pierden las luces, sino que se mantienen en actitud de sencillez, de espontaneidad, de generosidad.

A todo ello se le llama humildad, que es verdad en sí mismo. Lo demás es apariencia, mentira, máscara o maquillaje, vacío interior, hipocresía, engaño de sí mismo. Los hombres se miden por sus actitudes de vida. Se engaña quien pretenda engañar. Grande equívoco humano es tratar de ser lo que no se es.

Todos los días nos encontramos ante casos de falsos profetas. Sobre todo en el marco de la política; se van descubriendo los de intentos por posar de honrados, de consecuentes, cuando a la hora de la verdad no han sido más que depredadores del Estado; y en términos de rigor, ha de saberse que el Estado es el haber de la Comunidad.

Quien no tenga méritos de vida, no tiene por qué sentirse llamado a la grandeza, a ser tenido en cuenta dentro de los hombres de desafío. La política, más que ninguna actividad humana, es el desafío por establecer un nuevo orden. Se trata de afirmarse en el principio de que Estado, gobiernos y poderes todos, declinen en favor de los desprotegidos de la Historia y no en favor de unas minorías absolutas, de unos sectores privilegiados. Ello equivale a ascender en el concepto de Patria.

 

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