Un siglo de vida

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Foto | EL DIARIO

Por: Luis Piña

Cien años son del ayer qué ya paso.

Dice Carlos Arturo Piña Hernández,” como en la vida no se acorta el tiempo es largo”. Pues bien, para él, la vida y el tiempo van de la mano. Tres de febrero de 1917 nació en Cómbita y hoy tres de febrero de 2017, aún vivo cual roble plantado en el camino de la vida, con qué lucidez y fortaleza comparte hasta el cansancio, pero de los demás.

Un siglo de vida bien vivido y bien compartido ¡Diríamos qué son cien años!

Solamente en el tiempo se puede descifrar, en instantes, segundos, minutos y horas, meses, años, décadas y solo son diez décadas que se reducen a un siglo.

Si lo vemos como  realidad el día a día, es un siglo, o sea 36.500 días; no parece mucho tiempo, “pero vivámoslos”. ¿Será fácil?

La vida es bella pero no fácil, el caminar un siglo tiene muchos altibajos, “muchas alegrías y muchas tristezas”, también “se duerme en buenas camas y también en pajonales”, afirma Carlos Arturo Piña Hernández cuando echa sus cien anécdotas o algo mas

Bueno, tardaría un siglo o no sé cuánto tiempo, para reconstruir una historia longeva, de un hombre que ha dado ejemplo en el amor, de fe y en su empeño silencioso por ser el niño, el hijo, el hermano, el hombre y el amigo que siempre orienta sus ideas en formar una buena familia y en el bien común, sin esperar recompensa otra que la satisfacción de un deber cumplido en el paso del planeta tierra.

Qué diríamos si siguiéramos su itinerario desde el tres de febrero de 1917 al hoy cuando cumple su primer siglo y desde ese día cuando iluminados sus tiernos ojos por la luz del astro sol, vino a la vida quedándose sus buenos febreros. Un siglo lleno de bondad, de generosidad, de hidalguía y un patriarca que deja ejemplo de hombre recto y de carácter amable, pero absolutamente honesto y trabajador como Dios lo manda.

A los 95 años y muy a la 7 de la mañana, cuando aun contaba con sus naturales energías tomaba el azadón en sus manos encallecidas para trabajar en el surco hasta buenas horas cuando ya el sol poniente lo acompañaba. ¡Qué buen hombre!

La vida le dio el horizonte por camino, andando muchos pueblos y ciudades cargando a lomo de mula con aquello que buscaba el pan para sus padres, hermano y familiares. En los tiempos mozos iba a Vélez, a Güebsa, Santa Ana, san José de Pare, Zapatoca, entre otros; llevando mercancías y con el producido traía a Toca, Paipa, Tuta, Sotaquirá, Siachoque, Cómbita y Oicatá, la miel en zurrones de cuero. Pero también, por estas épocas ya pensaba en señorita, no dejaba de lado su trabajo y su empeño por su ayuda.

En fin, es imposible, para mí, en estas breves paginas hacer una narrativa de la vida de un hombre prodigo, que solo hoy cumple un siglo, es poco “pero vivámoslo”.

Debo decir que caminó muchos kilómetros la Cordillera de los Andes, sus valles y montañas, pero también se echaba sus “caminaitas” con requinto al hombro acompañando a sus padres, hermanos y amigos a las tradicionales romerías a Chiquinquirá, a Villa de Leyva, a Morcá y Mongüí, como también a la pata de señorita.

Ya por su época se conoció con mi mamita Ana Joaquina Ramos Fuquené, ella con sus catorce abriles y así fue que le echó la mano y ahí verán, tuvieron dieciséis hijos en veintidós años de casados. Pero ya el cielo se la llevo quedando el hombre triste en el mundo pero sin bajar por un instante la cabeza. Once de sus hijos le acompañamos, porque ya cinco estaban donde juaquita se fue, el cielo de los buenos.

Un siglo de vida, es un siglo, me rindo no doy más.

Pasados unos buenos días después de la partida de mi mamita joaquita, Carlitos volvió a pensar en señorita. A sus cincuenta años la encontró. Fue, Irma Cecilia Tobo Uscateguí de veinte años, también le echo la mano, se casaron, ambos buenos trabajadores amasaron el pan para la vida. Tuvieron una familia hermosa con nueve hijos. Pero ella ya partió a la eternidad hace dieciséis meses, pero Carlitos “tal cual roble plantado en el camino cumplió este tres de febrero de 2017 su primer siglo. Aunque solo es un siglo. Pocos, muy pocos hombres y mujeres llegan a cumplirlo. Es un orgullo.

Es una bendición enorme de Dios para quienes les rodeamos y le amamos. No podía faltar la bendición de Dios. Hubo celebración eucarística concelebrada por monseñor Juan José García, monseñor Rafael Medina Ramo, Fray Fernando Eleazar Piña Montañez y monseñor José Trinidad García Duitama.

Se hizo una gran reunión de sus hijos, nietos, visnietos y tataranietos, como familiares y amigos para celebrar estos cien años de vida y el ejemplo de un padre y patriarca maravilloso, quien hoy es el mayor en edad de todos los trece mil quinientos veinte habitantes del municipio de combita Boyacá.

Su hijo
Luis Eleazar Piña Ramos
Combita Boyacá

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