Ser católica y respaldar el aborto seguro

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Abortar es pecado, te quemarás en el infierno, no puedes actuar insultando a Dios, tu cuerpo no es tuyo es del Todopoderoso, “El amor todo lo sufre, todo lo puede y todo lo soporta”, son algunas de las frases con las que crecemos las católicas y quedan en la memoria cubriendo el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos.

Hace poco escuché a alguien decir que no se puede ser católica y al mismo tiempo apoyar el derecho a decidir libremente sobre nuestros cuerpos, respaldando el aborto seguro. Sin embargo movimientos como ‘Católicas por el derecho a decidir’ son ejemplos de que sí es posible, sin irnos a los extremos, entender que podemos estar comprometidas con la búsqueda de la justicia social y el cambio de patrones culturales y religiosos vigentes en nuestras sociedades.

Frederica Mathewes señala que, “ninguna mujer quiere un aborto como se quiere un helado o un Porsche. Ella quiere un aborto como un animal en una trampa quiere roer su propia pierna, una mujer que busca el aborto está tratando de escapar de una situación desesperada por un acto de violencia y auto-pérdida”.

Dicho esto, no promovemos el aborto como un deporte o un hábito saludable, lo promovemos como el derecho de las mujeres a decidir, defiendo sus vidas, especialmente de las mujeres de escasos recursos y vulnerables. Si esto no es cristianismo, entonces ¿qué lo es?

Hoy es el Día de Acción Global por el Aborto Seguro. En Colombia, la estigmatizacíon y el desconocimiento continúan poniendo obstáculos. En 2017 Profamilia realizó 10.517 abortos legales. No obstante, la cifra contrasta con los 400.000 procedimientos informales que se estima se realizan anualmente en el país.

En el mundo, por año se realizan unos 35 abortos por cada 1000 mujeres. Los abortos inseguros están detrás del 24% de las muertes relacionadas con la salud reproductiva. Cada año, 44 millones de mujeres deciden terminar de forma voluntaria su embarazo (la mayor parte en países en vías de desarrollo) y de ellas 47.000 mueren debido a abortos inseguros y otros cinco millones sufren lesiones graves. Sólo en América Latina, las víctimas de abortos inseguros suponen un 24% del total de muertes relacionadas con el embarazo y el parto, un índice que en muchos países de África Subsahariana asciende al 30-40%. Hoy, 22 millones de abortos se realizan cada año en condiciones de riesgo y en su mayoría son mujeres pobres y jóvenes que optan por interrumpir un embarazo no deseado sin garantías. Lo anterior, según cifras publicadas por la Alianza por la Solidaridad ONG.
Un grito global recorre el mundo. La sororidad feminista exige derechos sexuales y reproductivos, para todas, en todas partes porque es una realidad.

El catolicismo, los mitos, los patrones culturales, el sentimentalismo odioso, no pueden ser el impedimento para salvar las vidas de las mujeres en Colombia y el mundo. Si hablamos de protección al bienestar individual y la vida, no podemos seguir poniendo barreras para abortar de forma segura. Hoy respeto las opiniones de los católicos extremos, sigo siendo católica, pero entiendo que no somos madres cuando tenemos en nuestras manos una simple prueba de embarazo, soy madre cuando decido serlo y tengo las garantías para una vida digna, tanto para una nueva persona como para mí, como lo dice el cristianismo.

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