‘Marimacho’ vestido de rosa

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Culturalmente y de una forma absurda, en miles de familias colombianas existe la creencia de que si una niña se comporta de forma diferente a la que debería caracterizar su feminidad, entonces es ‘marimacho’, “una mujer con comportamientos bruscos o masculinos que no encajan socialmente”.

En mi caso, yo era la ‘marimacho’ de la familia, la que no vestía de rosa, poco le gustaban las muñecas, jugaba fútbol, se sentaba con las piernas abiertas, usaba pantalones más que faldas, “no era femenina, parecía un macho”, como me decían.

Ayer, en el Día Internacional de la Niña, recordaba cómo la sociedad desde que era pequeña quiso hacerme sumisa. A los niños, les gustan los coches. A las niñas, las princesas. Los niños pueden estudiar, las niñas hacen las tareas domésticas. “Son estereotipos de género que se establecen en la infancia por parte de padres, profesores, compañeros y la sociedad en general y que se pueden volver dañinos cuando el individuo comienza la adolescencia -sobre los 10 años-“. Esta es la principal conclusión del estudio Global Early Adolescent Study, elaborado en 15 países por la Organización Mundial de la Salud y la Universidad de John Hopkins (Baltimore, Estados Unidos).

Los estereotipos no afectan, en todo caso, solo a las niñas. Los niños también son víctimas “o pegas como macho o lloras como niña”. Ellos también crecen teniendo que ser más agresivos, fuertes, dignos, sin poder expresar lo que sienten, piensan y sufren, porque ser los hombres de la casa les exige no bajar la guardia.

Ante esta situación, ha venido creciendo el debate por trabajar en igualdad de género en la infancia y no esperar a la adolescencia. Los estudios han determinado que tanto niñas como niños están atados a restricciones de género a muy temprana edad que pueden tener graves consecuencias en su vida, siendo peores en las niñas. “Los estereotipos femeninos basados en “protegerlas” las hacen más vulnerables, enfatizando el afán de vigilarlas y sancionándolas físicamente cuando rompen las normas”.

Y es que las cifras no mienten. Cada media hora una niña es víctima de violencia sexual en Colombia, 62 millones de niñas en el mundo no tienen acceso a la educación, 12 millones son víctimas de matrimonio forzoso, consecuencia de las brechas sociales que aún existen entre hombres y mujeres.

Los niños, en ciudades como Shanghái y Nueva Delhi, por ejemplo, se les “anima a salir de casa sin supervisión, mientras que a las chicas deben quedarse en el hogar y hacer tareas domésticas”. Las niñas y los niños de ambas ciudades informaron de la vergüenza que sufrían y las palizas que les daban a quienes buscaban cruzar la línea.

La profesora catalana Marina Subirats, doctora en Filosofía, catedrática en sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona e investigadora en el ICE (Instituto de Ciencias de la Educación), propone que podamos encontrarnos de igual a igual para poder escoger nuestra identidad, en lugar de hacerlo a partir de un guión preestablecido que conlleva toda suerte de desigualdades.

“Esto requiere cuestionar el supuesto que el uno domina, para lo cual se le permite (y exige) que acuda a cualquier medio para lograrlo, y la otra se somete, y en el ejercicio de su sumisión acude a la manipulación y al manejo sutil de la seducción, como expresiones ‘naturales’ de su papel”.

No somos brujas histéricas cuando opinamos, callarnos es hacernos sumisas y considerarnos incapaces, lo que se verá reflejado en aceptar cualquier tipo de violencia a medida que vamos creciendo y enfrentando a la sociedad.

El hombre que busca conciliar, invita al diálogo, llora y no es agresivo, comparte responsabilidades y obligaciones es mucho más hombre que aquel que busca la violencia como única salida, que abusa de su estatus para controlar y que más adelante puede llegar hasta a matar por demostrar su “hombría”.

“Las mujeres ya han venido revisando sus papeles de género y han ido encontrando nuevas formas de ser mujer. Se trata ahora de incluir a los hombres en el cambio, a los violentos y a los no violentos, a los machistas y a los no machistas para que todos, en trabajo conjunto con las mujeres, puedan aprender a ser, sin ser dominadores o exigir la sumisión”, menciona Marina Subirats.

No más niños nenas y niñas marimachos. Queremos una sociedad más igualitaria y equitativa que nos permita ser lo que queremos sin que nos juzguen o nos reduzcan.

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