Rusia a mis espaldas: el juego no ha terminado

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Foto | Chris McGrath/Getty Images

Por: Vicente Ramírez Garzón

“Es terrible… este es el fin de mi presidencia… estoy jodido”.  El juego ha terminado (game over) sentenció el presidente Trump, después de ver los cuadernos tachonados con la investigación  por la conspiración criminal, a favor de su elección presidencial.

Decir que el juego ha terminado es una mentira más, pero qué importa; sin embargo la realidad solo le permitía decir: voy ganando el juego; porque el expediente sigue abierto sobre la acusación de obstrucción a la justicia, no así sobre la colusión criminal para defraudar a la simpática democracia americana… Y el juego sigue porque ante lo descrito en los cuadernos ha tenido que volver a jugar: «Algunas personas hacen declaraciones sobre mí en el loco cuaderno Mueller, escrito por 18 demócratas enojados, llenos de odio hacia mí, que son fabricadas y totalmente falsas (…) como nunca acepté testificar, no fue necesario que respondiera a las declaraciones hechas en el cuaderno sobre mí, algunas de las cuales son totales mentiras”.

Y el juego de mentiras sigue  porque los cuadernos no los escribieron  “18 demócratas”;  y, además,  la Fiscalía afirma que sí hubo intervención, una preferencia de Rusia a favor de la campaña presidencial de Trump,  pero que, ni él, ni miembro alguno de su campaña estaban informados de ello, que no participaron con los rusos en la hackeada a los computadores del comité del Partido Demócrata, ni de la señora Clinton; emails que luego fueron publicados oportunamente por WikiLeaks. En el mismo cuaderno el fiscal especial asegura que fue toda una guerra informática contra Estados Unidos. “The Russian government interfered in the 2016 presidential election in sweeping and systematic fashion (…) violated U.S. criminal law”. Violaron la ley criminal. La injerencia se valió de propaganda y ciberataques, ciberwar fare arm y espías: “Ahora sabemos que los rusos que perpetraron estas campañas no contaron con la cooperación del presidente Trump o de su equipo”.

En lenguaje colombiano ¿cómo se dice este verso? “Fue a mis espaldas”. En términos legales  americanos hubo colusión pero, contrariando la lógica, de un solo lado. En criollo ¿cómo se canta esa nota? Hubo cohecho pero sólo del lado de la representante Yidis que recibió; el ministro Sabas sí dio… pero no cometió cohecho. ¡Todo un adefesio jurídico!

Colusión Putin / Trump, cohecho Yidis / Sabas: la negación. En todas partes se cuecen habas; o, como es arriba, es abajo; igual en Estados Unidos que en Colombia. ¿Cuál es la diferencia? En lo esencial ninguna, en lo gradual: no se trata de juego de tronos sino de mafias, la neoyorquina, la de Washington,  la de Florida…en  su lenguaje: “Yo podría haberlos destituido a todos, incluyendo a Muller, si hubiese querido. Yo elegí no hacerlo”, dijo Trump el jueves santo, desde el Air Force One; pero jamás ha dicho que sancionará a Rusia por la conspiración criminal  contra la  democracia y la  seguridad, descrita por el fiscal, y no lo hará porque jamás aceptará que conspiró o, al menos, que fue utilizado.

Ya antes le había ordenado a su asesor Don McGahn: “Llame al fiscal general y dígale que el  fiscal Mueller tiene conflictos de interés y debe ser destituido”, pero McGahn no cumplió la orden. Ahí fue cuando gritó: “Es terrible… este es el fin de mi presidencia… estoy jodido”.  

Ésta afirmación está en la página 74 del primer cuaderno,  referido a la conspiración criminal contra las elecciones; el segundo contiene lo relativo a la obstrucción a la justicia. Cuadernos de los cuales son responsables: Robert Mueller, fiscal especial,  Bill Barr,  fiscal general y  Rod Rosenstein, fiscal adjunto;  448 páginas,  llenas de tachones, ediciones y supresiones,  pasajes ocultos con tinta de cuatro colores; censurados, según el Fiscal, por motivos legales y de seguridad: incluir material de inteligencia que puede poner en peligro fuentes o aliados; información  ante un gran jurado, sometida a secreto; afectación de las investigaciones en Nueva York  y, datos que pueden vulnerar el derecho a la privacidad. Vista desde Colombia, es increíble la falta de respeto o la desconfianza de la Fiscalía hacia el Congreso americano: documentos tachonados y mutilados. ¡Maravillosa democracia!

Pero quizás el verso más humilde del primer cuaderno aparece cuando el magnate le reclama al entonces fiscal general Jeff  Sessions“Se suponía que tenías que protegerme”.

Los interesantes argumentos por los que se tachonaron los párrafos, en el texto del informe, según el Fiscal General. Lo tachado en rojo es por reserva judicial; en amarillo, por reservas técnicas; en negro, por reservas de seguridad nacional; y, en verde, por protección a la privacidad de terceros. En todo caso, el Congreso le ha pedido al fiscal el envío del documento íntegro, sin los tachones.

Y pasando sobre los tachones del cuaderno, se puede leer que Trump despidió a James Comey, Director del FBI, por negarse  a declarar públicamente que “el Presidente no estaba siendo personalmente investigado”, y porque  le pidió tratar de poner fin a la investigación contra el general Mike Flynn, y conseguir los 33.000 emails robados a Mrs. Hillary.

En el cuaderno también se puede leer que hubo contactos de la campaña del candidato republicano  con el embajador ruso en Washington, Sergei Kislyak, en abril de 2016; y que hubo filtraciones de WikiLeaks, acusada de haber  publicado correos robados por los servicios de inteligencia rusos; recuérdese que en campaña, el magnate gritaba: ¡Amo a WikiLeaks! Pero ante estos hechos delictivos, el fiscal admite que acusar a Trump dificultaría su gobierno,  y abriría un pleito constitucional para poder enjuiciarlo; es decir, que enjuiciarlo implicaría un alto riesgo para el sistema imperial; agravado porque, como se observa en sus respuestas escritas, el presidente Trump dice no recordar:  (Not recall, no recollection, not remember). ¡El Presidente de Estados Unidos ha perdido la memoria!

Todo ello lleva al fiscal a construir una mera teoría sin efectos reales: “Nuestra investigación descubrió varios actos realizados por el presidente capaces de ejercer una influencia indebida sobre las investigaciones policiales, incluidas la investigación sobre la interferencia y obstrucción de Rusia”, dice Mueller en el primer cuaderno (…) el presidente buscaba usar su poder oficial fuera de los canales habituales”, agrega.

En consecuencia el presidente no es acusado y el fiscal Barr se defiende ante la prensa de no acusar al presidente de un delito de obstrucción a la justicia, contestando que se basó en el marco teórico descrito por Mueller en el cuaderno, aunque no lo comparte; poniéndose una vez más en contra de la investigación, tomando partido y cayendo en contradicción.

Al final, treinta subalternos son los chivos expiatorios de la conspiración criminal  y la derrota americana en la ciberguerra con Rusia; mientras tanto el magnate seguirá jugando, mintiendo y, seguramente, se saldrá con la suya. Por ahora.

¡Allá…igual que acá! salvo que en Colombia los cuadernos judiciales se amarran con pitas.

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