La violencia como argumento

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Foto: Colprensa

Por | Guillermo Velásquez Forero / El Púlpito del Diablo

Los asesinos carecen de argumentos porque no pueden pensar, su miseria mental les impide acceder a la racionalidad, desconocen la lógica y jamás llegarán a saber qué es el pensamiento crítico. Para esas bestias, el poder de la razón no existe, sólo la razón del poder, que consiste en mantener la injusticia, la desigualdad, la inequidad, el aumento de la pobreza y la miseria, la exclusión, el predominio violento y absoluto del egoísmo inhumano, la competencia feroz y la voracidad insaciable del capitalismo; la corrupción; el enriquecimiento ilícito de los bandidos y el exterminio de cualquier forma de oposición política. Para lograr y perpetuar este estado de cosas, la casta política podrida, adicta al fascismo, ha convertido el Estado colombiano en una organización criminal, que utiliza la ley, los sicarios y las armas para perseguir, despojar y masacrar al pueblo y asesinar a sus líderes.

¡Sicario, sicario, sicario! le gritó Uribe, el patrón de todos los sicarios, a Petro en un debate en el Senado, y confesó: “yo prefiero ochenta veces al guerrillero en armas que al sicariato moral difamando”. Se lamenta de no poder asesinarlo, como lo han hecho sus sicarios con decenas de miles de colombianos, y se consuela con dispararle injurias, calumnias y censuras. Ese ataque sicarial de Uribe, sicario del imperialismo, la ultraderecha, el paramilitarismo y el Vaticano, es el comportamiento ideal del  inepto e incapaz de emplear razonamientos para participar en el combate de la inteligencia, en la lucha respetuosa y democrática de las ideas, en la controversia como escenario político, porque su único argumento es la violencia. Este magnífico canalla pertenece a esa élite que Cristo llamó “raza de víboras”, cuyo cerebro de dinosaurio, cero pensamiento, supura odio, veneno y muerte.

Este monstruo depredador, enloquecido por el afán de poder, padece e irradia todos los males y pestes psicosociales y políticas que Estanislao Zuleta define y considera en su famoso e indefectible ensayo “Elogio de la dificultad” (que debiera ser de lectura y estudio obligatorio). Este matón energúmeno, embrutecido por el facilismo, cree que él es el dueño de la verdad absoluta, aberración que lo induce a creer que el pensamiento del contrario es sólo error, mala fe y falsedad. Esta es la concepción paranoide de la verdad que surge de haber caído en la idealización de la ultraderecha y la guerra; esta tara le permite a Uribe ejercer la interpretación totalitaria del discurso del otro, que estigmatiza como enemigo, según la cual “sus argumentos no son argumentos sino síntomas de una naturaleza dañada o máscaras de malignos propósitos”; y también le facilita reducir los razonamientos contrarios, los de Petro, a un juicio de pertenencia al otro y a un juicio de intenciones.

Explica Zuleta que esas acciones irracionales son fruto de “la interpretación de la lógica paranoide que afirma un discurso particular –todos lo son–  [el de Uribe]  como la designación misma de la realidad y los otros como ceguera o mentira”. De ahí surge también su delirio de concebir toda duda y toda crítica como traición o agresión, y en consecuencia, su rechazo de toda forma de oposición e, incluso, de toda diferencia. Por eso, el uribismo, corrupto, ladrón y genocida, no quiere saber nada del respeto a la diferencia y la oposición, los derechos humanos, la reciprocidad y la vigencia de normas y valores universales, la vida y la paz. Su intención maldita y diabólica es la de seguir gobernando a sangre y fuego, perpetuando hasta siempre la guerra y el terrorismo de Estado con su interminable racha de masacres y asesinatos. Bendito y alabado sea el Señor.

*Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la postura editorial de EL DIARIO.

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