Álvaro Neil Franco Zambrano, premio Poesía, CEAB 2019

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Foto | archivo personal

Recientemente en el marco del ‘Programa Departamental de Estímulos’ del presente año, se dieron a conocer los nombres de los ganadores de la convocatoria del Consejo Editorial de Autores Boyacenses (CEAB), 2019. El premio de Poesía este año fue para el escritor Álvaro Neil Franco Zambrano, quien nos deja en el siguiente texto lo que significa para él su libro ganador “Puerta de tierra caliente”.

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Puerta de tierra caliente o el abrazo de los recuerdos que respiran en el sabor de una fruta

Por | Álvaro Neil Franco Zambrano

Puerta de tierra caliente es la entrada a un universo de palabras cotidianas que celebran a partir de la memoria de la infancia el encuentro con un animalario tropical, acompañado por objetos tradicionales que conforman lo que llamamos casa. Casa materna que mira a un patio solariego donde los juegos de los niños inventan el sueño que es la vida. Donde el alma de los muertos rompe las barreras que nos separan del más allá y se abraza a los recuerdos que respiran en el sabor de una fruta o en el olor de una flor. Patio  donde se ocultan los milagros que a través del silencio  hablan de manera sentida y profunda al corazón que habita en ese niño que con el paso del tiempo se descubre poeta. Es así como desfilan de manera similar a un carnaval, gusanos disfrazados de flor, sombreros que acogen en sus alas el aire delgado de los sueños que caracteriza a las universales familias de provincia y árboles que hacen del paisaje un estado para  escuchar el espíritu.

Puerta de tierra caliente son las palabras sencillas de un hombre que no olvida su pasado, la fuente primigenia donde nacen las raíces de una cultura atravesada por el río Saravita. Río de piedras cantoras que reflejan el viaje de las nubes y los días verdes de eternidad que nacen gracias al aliento divino de la poesía. Palabras que nadan a contracorriente, para no dejar caer en el olvido  el mundo inabarcable que origina la inspiración poética; palabras que defienden con metáforas e imágenes hermanadas con la exploración de los sentidos, el paraíso perdido de unos seres que miran su destino en el brillo plateado de las aguas. Palabras que intentan esconder debajo de las piedras el rostro secreto de la esquiva poesía. Que guardan silencio para que el bosque exprese su dicha y sus lamentos. 

Puerta de tierra caliente como lo mencioné anteriormente, también surge de esos objetos familiares que con el transcurrir del tiempo construyen la identidad de los seres humanos, ya que a través de los mismos se llevan a cabo oficios cotidianos que para el caso específico de la poesía dan lugar a la evocación. Es así como un simple canasto teje la historia y la memoria de esos días en que el mismo era imprescindible para hacer un mandado o ir al mercado en busca de ese campo que nos ayudó a forjar la  sensibilidad. Jaime Jaramillo Escobar (X 504) dice en su Método fácil y rápido para ser  poeta: “A pesar de la afamada “literatura urbana”, el poeta tiene que salir al campo. El poeta que no se relaciona con la naturaleza tampoco se relaciona con Dios. Dios es campesino. Nadie lo ha civilizado. Si quieres ver a Dios mira el Universo”.Es en el campo donde más se mira la grandeza de lo que supuestamente es insignificante: lo infinitamente pequeño donde  el poeta siempre encuentra el asombro. Fue lo que nos enseñó el gran Walt Whitman, de barba blanca como una cascada: “Creo que una hoja de hierba no es menos que el viaje de las estrellas, y que la hormiga es igualmente perfecta, y un grano de arena, y el huevo del abadejo, y que la rana es una de las mayores obras maestras”; naturaleza a partir de la cual se construye  una mirada que da lugar a mundos diferentes, creados por la imaginación poética. 

Finalmente, Puerta de tierra caliente es un homenaje a los locos de pueblo que nos conocieron la infancia: los mismos que fueron bendecidos  por Dios con el don de la ubicuidad, pues uno iba  -a duras penas- por el centro, por el río, por barrios de la periferia y allí los encontraba como rayos enceguecidos cantando su dolor. Locos que como dice el enorme poeta José Paulo Paes, le daban vueltas a los postes del alumbrado público para que nunca se nos fuera la luz.

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Sobre el autor

Álvaro Neil Franco Zambrano durante recital en el marco del Festival Internacional de la Cultura, 2018. Foto| Hisrael Garzonroa

Álvaro Neil Franco Zambrano (Barbosa, Santander, 1969). Licenciado en Idiomas de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia y magíster en Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Miembro fundador de la Corporación Literaria Si Mañana Despierto, capítulo Tunja.

Poemas suyos han sido publicados en el Periódico de Poesía de la Universidad Autónoma de México (2007), en la Revista de Poesía Trilce (Chile, 2012), en la Antología Mundial de Poesía  Poetas Siglo XXI de Fernando Sabido Sánchez (España, 2016), en Poetas Colombianos de Franz Serrano Rodríguez (Granada, España, 2016), en la Revista Ping Pong de Santo Domingo ( República Dominicana, 2017), en la Antología de la Poesía Colombiana Desde el Umbral (Uptc, Tunja, 2004), en la Revista Casa Silva (2012), en la Raíz Invertida (Revista Latinoamericana de Poesía, 2015), en Poetas Colombia (2017), en Burdelianas Poetry (2017), en Puesto de Combate (2018), en Cuadernos de Literatura del Caribe e Hispanoamérica (2018), en Entra Mar Antología Poética Tomo II (2019) y en el Nuevo sentimentario de la Poesía Colombiana (2019). Libros publicados: “La saga de los clavellinos” (Universidad del Valle, 2008), “Temblor de Isla” (Rosa Blindada Ediciones, Cali, 2016) y “El amanecer de una naranja roja” (Uptc, Tunja, 2017).

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