Sobre las conversiones

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Por: Silvio Avendaño

Cuando estaba de camino, Saulo, respirando muerte contra los cristianos, un rayo lo derribó del caballo y quedó ciego. Tres días después, convertido en Pablo comenzó a predicar aquello que odiaba. También es famosa la transformación de Agustín. En un momento de angustia cae del caballo de la vida disipada y escucha una voz: “Toma y lee, toma y lee” (tolle et lege, tolle et lege) y abandona el paganismo para hacerse cristiano. En tiempos recientes es significativa la conversión de Mario Vargas Llosa, el joven del Partido Comunista Peruano. Al gestarse la Revolución Cubana, en los años sesenta, fue uno de los intelectuales que vio como algo positivo la transformación de la isla. Viajó a Cuba. Escribió sobre la crisis de los misiles. En La Habana publicó La ciudad y los perros (1962). Más la divergencia se dio a partir de la sovietización de la isla, la invasión de los tanques rusos a Checoeslovaquia, la censura al poeta Heriberto Padilla. Firmó la carta de los intelectuales que rechazaron lo que sucedía en Cuba con el bardo.

Vargas Llosa fue un lector de Albert Camus y de Jean Paul Sartre. Del primero tomó la estética, del segundo el mundo intelectual. No se puede desconocer en Mario Vargas Llosa el filón artístico, como se puede ver en sus relatos. Ahora bien, como intelectual Vargas Llosa dio un giro, pues el marxista pasó a ser liberal.

La llamada de la tribu (2018) es un ensayo, en el cual Mario Vargas Llosa, esboza los autores y pensadores de la línea de Adam Smith. Como converso desestima las teorías del barbudo Carlos Marx. Esboza las bondades de la nueva teoría. Mientras en el marxismo encontraba las desigualdades sociales, en el liberalismo económico justifica las desigualdades sociales que genera el liberalismo, doctrina que privilegia al individuo frente a la tribu.

Atilio Borón en El hechicero de la tribu (2019) bosqueja la aventura del joven comunista lector Les temps modernes, la revista publicada por Jean Paul Sartre. Más con el paso de la historia, Mario Vargas Llosa -se cayó de caballo, igual que Saulo- y no sólo dejó de ser marxista, dado que se convirtió en el apóstol de la nueva doctrina. Dejó atrás el marxismo y el paso por Cuba, para mudarse en un apasionado defensor del liberalismo y de la democracia.

Nadie puede negar la vena artística y el hechizo de la escritura, de Mario Vargas Llosa. Por eso, Atilio Borón se refiere al autor de La llamada de la tribu como El hechicero de la tribu. Ahora bien, vale considerar la conversión, la caída del caballo por un hecho traumático, y, el tiempo de la predicación de aquello que se perseguía. Viene a cuento como se permanece en el caballo del conservatismo, o la conversión, el giro del potro de la izquierda a la derecha, o también como se persiste en la izquierda sin caer en el cuadrúpedo de la derecha.

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