Desde El Pasaje Vargas Ed. 967

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Historias de primates

De la frondosa fauna de nuestro presidente Chan-Cho, en la víspera de la celebración del 7 de agosto aparecieron en el Puente de Boyacá, por la parte de arriba yendo para Samacá, los gorilas enviados desde la Casa de Nari para verificar que en el obelisco a nadie se le hubiera ocurrido poner algún tote para asustar la comitiva del día siguiente que encabezarían el propio Chan-Cho y su sombra larga sombra negra, Martuchis, la Vice (que va a ser la president, musitó el Académico Dormilón, antes de hundirse en la siguiente pesadilla). Resulta que, según se enteraron los académicos, allí en el Obelisco, desde el día dos de mayo, se inició la restauración del lugar, pagado todo por los padres fundadores a través de Embassy USA, trabajos que se están ejecutando con un grupo de personas expertas en restauración de este tipo de bienes, quienes con meticulosidad y rigor trataron de entregar su trabajo para el dos de agosto, cinco días antes de la celebración, pero como no lograron, allí se han quedado hasta terminar, que es hasta finales de agosto. Los poco evolucionados póngidos -un orangután (Pongo Satyrus), un chimpancé (Pan Troglodytes), un gorila (gorilla gorilla) y un Gibón (Hylobates Muelleri)- llegaron al lugar y de inmediato fueron a importunar a la caseta desde donde los expertos en restauración dirigían las obras y, sin pedir permiso, fueron esculcando y hurgando por todas partes; cuando se les preguntó quiénes eran, los primates contestaron que venían de la Casa de Nari, el zoológico principal. Entonces les dijeron que por favor se identificaran, a lo cual se negaron; enseguida la otra pregunta: ¿qué buscaban? ¡Bombas!, contestaron. Bueno, pero identifíquense, -les respondieron los sorprendidos trabajadores-. ¡Que no! –volvieron a contestar-. Entonces, ¿quién nos dice que no son ustedes los que pueden poner la dinamita, si no se identifican? ¡Cierre el pico y vaya trabaje!, fue la respuesta a quien se atrevió a exigir la identificación.

El animal sí existe

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Animal fabuloso con rostro de mujer y cuerpo de ave de rapiña”, así se define al ave que todos han oído nombrar, que se llama harpía. Pero como es un animal fabuloso, pocos pueden dar fe de haberse encontrado de verdad con un ejemplar que confirme su existencia. Sin embargo, todo parece indicar que el ave apareció en el Puente de Boyacá en las celebraciones del Bicentenario. El animal que apareció, en efecto, tenía rostro de mujer, pero su cuerpo ha mutado al de una paloma, identificándose en la subfamilia Valencia que, a su vez, es cercana a otra especie de la familia subpresidente, dependientes ambas del orden del verdadero presidente. Pues bien, esta harpía se posó en el ciclorama del Puente de Boyacá con ganas de orinar y casi fulmina a los trabajadores que estaban en el lugar porque no quisieron ir a lavar el inodoro antes de que el espantífero animal entrara a usarlo. De acuerdo con nuestro Académico taxidermista, en efecto, las arpías sí existieron, y que en alguna parte de la vieja Europa Medieval se conservaron ejemplares disecados, que hoy solo se muestran a logias muy reducidas y secretas, pero que encontrar un ejemplar vivo ahora, tal cual se vio en el Altar de la Patria, no solo es posible, sino que es signo y comprobación de que nos esperan otros doscientos años de desventuras y miserias en un proceso de involución cuya prueba está en el encuentro real con una harpía y primates como los aquí descritos.   

Trabajo sí hay

Don Luis Carlos, el verdadero dueño de este platanal, está reordenando una de sus estancias, que es el periódico que era de los Santos. En el último año ha echado a la calle más de 200 cristianos que fungían de reporteros y periodistas. Esta semana puso de patas en la calle a 40 de ellos y ellas. En la Academia esto ya no sorprende ni llama la atención. ‘En últimas, que los echen a todos y todas, de todas partas y de todos partos, y mientras no vengan por aquí a buscar lo que no se les ha perdido, en predios de esta Academia por los recovecos del Pasaje Vargas, todo irá bien’. Pero cuando se ve el titular del día siguiente al despido de los últimos 40, donde se advierte que trabajo sí hay, los Académicos volvieron a interesarse en el tema para concluir que don Luis Carlos es un hombre de infinita bondad y comprensión: tituló en su periódico: ‘hay más de 70 mil empleos que ofrece el Estado’. Así que echar a 40 pelagatos, es insignificante si a la vuelta de cada esquina se puede conseguir uno de esos 70 mil puestos. 

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