Boyacá no es esquivo al fenómeno de violencia en el noviazgo

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Foto | Hisrael Garzonroa-ELDIARIO

En el departamento prevalecen conductas de agresión psicológica, lo que sirve como advertencia de la violencia que podría generarse en parejas adultas.

Desde hace un poco más de diez años la UPTC viene investigando sobre el fenómeno de la violencia en el noviazgo, problemática arraigada en el departamento, desconocida en muchos casos, y que luego, cuando la pareja conforma un hogar, puede derivar en conductas de violencia intrafamiliar.

“Nosotros venimos llevando a cabo una investigación. Llevamos más de diez años trabajando con el tema de violencia en el noviazgo. Trabajamos con universidades como la de Sonora (México) y Oviedo (España), tenemos algunos contactos con la Universidad de La Frontera (Chile). Lo primero ha sido la realización de una caracterización de la población colombiana, especialmente la población boyacense, y a partir de esa caracterización hemos encontrado factores de riesgo, algunas prevalencias de las conductas, y finalmente hemos generado unos modelos explicativos de por qué los adolescentes se comportan de esa manera”, señaló Jorge Arturo Martínez, director del programa de Psicología en la UPTC.

Los principales factores de riesgo, según señala Jorge Martínez, quien además lidera el Grupo de Investigación de Psicología Clínica y de la Salud, son depresión, conductas de ansiedad, daño físico, pensamientos recurrentes de suicidio, control de peso inadecuado, baja autoestima, conflictos académicos, pérdida académica, deserción académica, uso de sustancias psicoactivas, uso de alcohol, entre otros.

“Al ser un problema, más de índole de salud pública, empiezan a hacerse los diferentes estudios (…) entre nuestras investigaciones hemos trabajado sobre variables como las dinámicas familiares, entendidas desde la funcionalidad familiar o prácticas parentales. Hemos encontrado que los adolescentes que perciben a su familia como una familia problemática, donde no hacen parte de la familia y donde han sido criados con un estilo más autoritario, en donde han observado violencia entre sus padres; aumenta la probabilidad de cometer conductas violentas durante el noviazgo”, agrega Martínez.

La problemática está lo suficientemente arraigada como para ser considerada un problema de salud pública. Señala Martínez que  el 80 por ciento de los sujetos que hicieron parte del estudio afirman haber incurrido en la comisión de una conducta violenta en contra de su pareja, y un 90 por ciento informa haber sido víctima de una conducta violenta de parte de su pareja.

Aclara Martínez que el estudio se ha centrado en analizar las conductas violentas en el noviazgo, es decir que se han estudiado aquellas relaciones “entre dos individuos que se ponen citas para compartir espacios amorosos y de aprendizaje. No conviven, no tienen hijos y no hay una dependencia económica. En ese espacio se van a presentar conductas de control, de tipo psicológico, de tipo emocional, ligadas en algunos casos a conductas físicas y violencia sexual”.

El estudio es contundente al afirmar que lo que prevalece en el departamento, en las relaciones de noviazgo, es la violencia psicológica. ”Entendemos entonces por violencia psicológica esas conductas direccionadas hacia la pareja, con las cuales se puede manipular a partir de las emociones para que la otra persona haga lo que yo quiera”.

Las conductas de control también suelen presentarse en las relaciones de noviazgo, estas van desde coger la mano con fuerza, hasta empujar, dar cachetadas, puños; amenazar con algún objeto contundente. Y luego aparecen las conductas de violencia sexual, que van desde pedir fotografías, mandar fotografías del cuerpo que la pareja no desea; hacer tocamientos cuando el otro no quiere, hacer pedidos en la intimidad que generen molestia en uno de los dos individuos de la pareja. Finalmente aparece el abuso sexual, que podría considerarse como el escalón más alto entre las conductas violentas entre las parejas.

“Más que grados son escalamientos La violencia en el noviazgo casi siempre comienza con una conducta de tipo emocional, un condicionamiento psicológico, luego escala a lo físico, llegando a lo sexual y terminando en algunos casos en conductas lesivas que pueden afectar lo vital de la persona, es decir, derivando en la muerte”, comenta Martínez.

El grupo poblacional estuvo conformado por adolescentes desde los 13 años hasta jóvenes adultos de 30 años. “Hemos trabajado con estudiantes de colegio de grados noveno, décimo y once, y hemos trabajado con estudiantes universitarios  de todos los semestres de universidades públicas y privadas en el departamento (…) hemos encontrado que a mayor edad, mayor conducta de violencia; a mayor tiempo en la relación, mayor conducta de violencia. Hemos encontrado también que tanto hombres como mujeres ejercen la conducta de violencia, montados en una teoría conocida como la Teoría de la Bidireccionalidad, que señala que es más probable ser víctima de violencia de parte de la pareja cuando en algún momento se ha recurrido al uso de dichas conductas. Como hay una fuerza de poder en la relación, el que quiere dominar siempre va a ejercer un poco más de fuerza para que la otra persona haga lo deseado, y si la otra persona no lo hace, dado que usa más violencia, la respuesta será incrementar el grado de agresión, de modo que escala la violencia”.

Si bien, el estudio determina que tanto hombre como mujer recurren a la violencia en contra de su pareja, las conductas son diferentes para cada género. “Se encuentran algunas diferencias entre los dos géneros, entre las mujeres prevalecen conductas como la humillación, violencia verbal y psicológica. Mientras que en los hombres prevalece la violencia física y en algunos casos la sexual. Sin embargo, estas diferencias no son significativas”, explica Martínez.

El estudio es enfático en hacer diferencia entre lo que puede ser la violencia en el noviazgo y la violencia al interior del hogar, pues para esta última existen características diferentes como la violencia establecida por poder económico o tenencia de hijos.

Dado que las investigaciones vienen realizándose por lo menos una década atrás, encontrando hasta ahora que la violencia ha mutado en sus formas pero no ha dejado de existir, Martínez, en compañía de varios de quienes han colaborado en estas investigaciones, han creado una página web denominada “querámonos bien”, con la que buscan asesorar aquellas relaciones que han incurrido en conductas violentas.

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